lunes, 27 de noviembre de 2017

27 DE NOVIEMBRE DE 2017

Primer sueño: estoy en una recámara secreta que tiene una repisa repleta de joyas. Miro las joyas: son pendientes y dijes victorianos. Tomo un corazón grande de cuarzo blanco pero veo que no tiene cadena, así que le pongo la cadenita dorada que le quito a una tortuga de plástico. Me subo a un banco y miro por encima de la repisa: hay varios muñecos de cartón; son como hombres de los 40s, usan sombreros y están muy tristes. Pienso que representan la soledad absoluta; que si toda la gente desapareciera, estos muñecos no tendrían razón para existir y que estarían quietos y callados hasta el fin de los tiempos. Suena la música de Twilight Zone, aparece un Godínez gordito: es una especie de maestro de ceremonias que representa a los muñecos y me dice que acaban de regresar de un viaje a las Bahamas y por eso se ven amarillos. Luego todo cambia: estoy en un patio horrendo y vacío; se siente como si fuera la parte olvidada de una cárcel. Aparecen unos gatos muy malos que corren en círculos; están llenos de arañazos y cicatrices. Una voz en off dice que los hombres solitarios que han sido atacados por tiburones, después del ataque se vuelven bastante sociables... Despierto. Segundo sueño: una casa que no es mía; en la cochera, unas señoras les dicen a varios niños muy pequeños que se vistan de botargas para hacer el "baliable de las flores". Se abren las puertas de la cochera: afuera hay puestos de kermes donde se venden flanes, galletas y aguas frescas; las personas que están comprando entran con curiosidad a ver el bailable. Una veintena de jóvenes y muchachas se cuelan a hurtadillas al interior: aunque no conozco al dueño de la casa, sé que mi deber es protegerla, así que sigo a los intrusos sin que me vean. Suben en fila por una escalera y se meten a una recámara grande donde está un Ricardo barbón: es el profesor y les comienza a dar una clase sobre Existencialismo. Entro y les pido que por favor salgan de la casa, pero no me hacen caso y siguen escuchando al otro Ricardo. Salgo y cierro la puerta con llave. Desde un rincón de la casa miro hacia la recámara que tiene paredes de cristal: la clase se desarrolla en calma; los alumnos están sentados en el suelo formando un círculo. Sé que si el dueño de la casa descubre que dejé entrar a los jóvenes va a decepcionarse, así que busco la manera de sacarlos: pienso en echarles humo o agua. Entonces me doy cuenta de que todo es un sueño y que tengo que descifrarlo: pienso que el otro profesor soy yo y que el resultado de todo dependerá de si les echo humo o agua. Exploro la casa; sé que ya la he soñado antes: es muy grande y está llena de escaleras y pasillos muy enredados como si fuera un laberinto. Se hace de noche. Me acuesto en la alfombra, entre dos columnas que están junto a una pared de cristal; desde ahí veo cómo salen los alumnos de la clase. Trato de no moverme para que no me vean: lo único que quiero es que ya se vayan de la casa y que todo vuelva a la "normalidad". Entonces dos de las muchachas me descubren en el suelo y empiezan a murmurar, asombradas. Yo me pongo a volar a pocos centímetros de la alfombra y me voy planeando por toda la casa, convertido en un gigantesco ajolote chino; las muchachas me siguen alarmadas. Doy varias vueltas para perderlas y llego otra vez a la cochera, donde hay mesas llenas de platos desechables y los restos de las botargas que usaron los niños para el "bailable de las flores"; unas señoras barren todo con unas escobas de ramas… Despierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

17 DE FEBRERO DE 2019