Nos encontramos Timo y yo en el patio de una vecindad
enorme; cada uno está sentado en su sillita con una tablet personal en las
manos jugando un videojuego que se llama Kalish: una ruidosa explosión de
monstruos aztecas y luces multicolores. En una cocina cercana están Doris y mi
mamá preparando el desayuno. Timo se va y yo subo por unas escaleritas de
metal. Llego a la entrada de un departamento altísimo: en el tapete de entrada
está un perrito muy viejo durmiendo. Miro hacia abajo y siento vértigo; el
espacio que separa la escalera de la puerta es como de un metro, y temo que el
perrito despierte y se caiga, pero no puedo hacer nada. Bajo y descubro que
alguien le hizo un pequeño orificio a mi tablet en uno de los extremos de la
pantalla; sospecho que fue una mujer a la que le dicen Arenita, pero no puedo
demostrarlo. Camino hacia otra parte de la vecindad: ahora estoy en los
edificios de la Jardín Balbuena, que tienen pasillos muy amplios llenos de
mesas donde hay maestras y muchos niños desayunando. A mi derecha hay un salón
sin paredes donde se ven escritorios llenos de material de dibujo y tableros de
ajedrez; pienso en ir a jugar unas partidas con alguien, y entonces veo a un
profesor muy serio que está en un sillón leyendo el periódico. Sé que es muy
buen ajedrecista y que va a ser difícil derrotarlo. Entonces entro a una parte
oscura que va a dar a un jardín de Guadalajara. El jardín es enorme, lleno de
árboles y veredas que bajan entre arbustos y bancas metálicas. Es muy temprano
y no hay nadie. Llego a la parte donde se encuentran los aparatos de ejercicio:
en una especie de camilla hay algo cubierto con una sábana. Al acercarme veo
que parece ser un cuerpo; en la sábana están escritos unos jeroglíficos y junto
hay un bat de béisbol lleno de sangre. Pienso que es un hombre al que mataron a
golpes; luego se me ocurre que a lo mejor se trata de una broma, pero no me
atrevo a levantar la sábana. Me alejo con cuidado y decido no avisar a la Policía.
Sigo caminando por una vereda que sube y llego a unos edificios que tienen
pasillos cuyo suelo está hecho de maya metálica: por los orificios veo que abajo
hay mucha gente llegando al jardín: señores elegantes, mujeres serias y niños
con sombrero; parece que van a misa. Pienso que no deben toparse con el cuerpo
que encontré, pero al tratar de regresar me pierdo en pasillos llenos de
ventanas que terminan abruptamente y dan al vacío. Paso junto a la ventana de un baño: detrás del
cristal opaco se ven unos floreros y una pila de jabones… Despierto.
jueves, 30 de noviembre de 2017
lunes, 27 de noviembre de 2017
27 DE NOVIEMBRE DE 2017
Primer sueño: estoy en una recámara secreta que tiene una
repisa repleta de joyas. Miro las joyas: son pendientes y dijes victorianos.
Tomo un corazón grande de cuarzo blanco pero veo que no tiene cadena, así que
le pongo la cadenita dorada que le quito a una tortuga de plástico. Me subo a
un banco y miro por encima de la repisa: hay varios muñecos de cartón; son como
hombres de los 40s, usan sombreros y están muy tristes. Pienso que representan
la soledad absoluta; que si toda la gente desapareciera, estos muñecos no
tendrían razón para existir y que estarían quietos y callados hasta el fin de los
tiempos. Suena la música de Twilight Zone, aparece un Godínez gordito: es una
especie de maestro de ceremonias que representa a los muñecos y me dice que
acaban de regresar de un viaje a las Bahamas y por eso se ven amarillos. Luego todo cambia: estoy en un patio horrendo
y vacío; se siente como si fuera la parte olvidada de una cárcel. Aparecen unos
gatos muy malos que corren en círculos; están llenos de arañazos y cicatrices.
Una voz en off dice que los hombres solitarios que han sido atacados por
tiburones, después del ataque se vuelven bastante sociables... Despierto.
Segundo sueño: una casa que no es mía; en la cochera, unas señoras
les dicen a varios niños muy pequeños que se vistan de botargas para hacer el "baliable
de las flores". Se abren las puertas de la cochera: afuera hay puestos de
kermes donde se venden flanes, galletas y aguas frescas; las personas que están
comprando entran con curiosidad a ver el bailable. Una veintena de jóvenes y
muchachas se cuelan a hurtadillas al interior: aunque no conozco al dueño de la
casa, sé que mi deber es protegerla, así que sigo a los intrusos sin que me
vean. Suben en fila por una escalera y se
meten a una recámara grande donde está un Ricardo barbón: es el profesor y les comienza
a dar una clase sobre Existencialismo. Entro y les pido que por favor salgan de
la casa, pero no me hacen caso y siguen escuchando al otro Ricardo. Salgo y
cierro la puerta con llave. Desde un rincón de la casa miro hacia la recámara que
tiene paredes de cristal: la clase se desarrolla en calma; los alumnos están
sentados en el suelo formando un círculo. Sé que si el dueño de la casa descubre
que dejé entrar a los jóvenes va a decepcionarse, así que busco la manera de
sacarlos: pienso en echarles humo o agua. Entonces me doy cuenta de que todo es
un sueño y que tengo que descifrarlo: pienso que el otro profesor soy yo y que
el resultado de todo dependerá de si les echo humo o agua. Exploro la casa; sé
que ya la he soñado antes: es muy grande y está llena de escaleras y pasillos
muy enredados como si fuera un laberinto. Se hace de noche. Me acuesto en la
alfombra, entre dos columnas que están junto
a una pared de cristal; desde ahí veo cómo salen los alumnos de la clase. Trato
de no moverme para que no me vean: lo único que quiero es que ya se vayan de la
casa y que todo vuelva a la "normalidad". Entonces dos de las muchachas me descubren en el
suelo y empiezan a murmurar, asombradas. Yo me pongo a volar a pocos centímetros
de la alfombra y me voy planeando por toda la casa, convertido en un gigantesco ajolote
chino; las muchachas me siguen alarmadas. Doy varias vueltas para perderlas y
llego otra vez a la cochera, donde hay mesas llenas de platos desechables y los
restos de las botargas que usaron los niños para el "bailable de las flores"; unas señoras barren todo con unas escobas de ramas…
Despierto.
lunes, 6 de noviembre de 2017
5 DE NOVIEMBRE DE 2017
Estoy afuera de una casa de los años 60s que tiene dos pisos
y un pequeño jardincito; son las seis de la mañana. Sé que en el interior de la
casa se esconden los Beatles, pero al tratar de verlos por las ventanas descubro
que todas las habitaciones están llenas hasta el techo de tambores, penachos,
mapas y otros objetos viejos. Pasa por la calle mi amigo de la prepa Alejando
Toriz e intenta venderme unos ábacos incas; me dice que con ellos puedo
descifrar los misterios. Miro los ábacos: son unas ruedas llenas de hilos y
cuentas de chaquira. Vuelvo a asomarme a la casa: pongo la boca en una cerradura
y empiezo a llamar a Ringo. Aunque no lo escucho ni lo veo, sé que Ringo les dice
a los otros Beatles que guarden silencio y que no se muevan; están todos
apretujados en un clóset. Aparece Doris y me dice que nos vayamos de ahí, que
los Beatles están en otra parte… Despierto.
lunes, 23 de octubre de 2017
23 DE OCTUBRE DE 2017
Primer sueño: nos encontramos mi papá y yo en su recámara
viendo la tele; con nosotros está Vero mi hermana, pero en el sueño tiene nueve
o diez años. Estamos viendo un documental experimental dividido en varias
secciones; cada sección es una recámara vacía donde se escenifican historias
diversas: hay una sección de gánsters, otra de niños africanos que comen
leones, otra de astronautas. En la azotea se escuchan unos plomeros que están
arreglando el tinaco. Bajan los plomeros y nos dicen que ya terminaron; se
sientan en el suelo con nosotros a ver la tele. El líder de los plomeros es Tato,
un gordito de lentes que era nuestro vecino cuando éramos niños. Me levanto y
les digo a todos que ahora me dedico a dar clases de historia de las
animaciones y que voy a pasarles unas muy buenas; mi papá me mira con
curiosidad y entonces recuerdo que ya murió y que él no se enteró que doy estas
clases. Aparece una pantalla muy grande enfrente del televisor y empieza una
animación donde dos jabalíes psicodélicos brincan por un campo multicolor; la
música de fondo es un jazz bastante extraño. Luego todo cambia: estoy con Doris
en un elevador enorme; se trata de una
especie de jaula exterior que recorre la ciudad. Junto a nosotros hay mucha
gente fea, todos vamos de pie. El elevador hace suaves movimientos verticales y
horizontales: afuera se ven calles chuecas, edificios en ruinas, coches
estacionados llenos de cuervos. El elevador se atasca y se abren las rejas:
tenemos que salir a una zona de la ciudad que no conocemos, hay varias señoras de
rebozo que cargan canastas. Aparece nuestra amiga Elena y nos dice que ella vive por ahí, que
vayamos a su casa. Luego estoy yo solo, asomándome por una de las ventanas de la
redacción del periódico Excelsior donde soy reportero. Le llamo por teléfono a mi tío
Lalo, a sabiendas de que está prohibido hacer llamadas personales. Mi tío Lalo
me contesta y finge la voz para que crean que la llamada tiene que ver con el trabajo: entonces me doy
cuenta de que en realidad estoy hablando con Vicente Leñero. Una voz en off me
dice que tengo que ir urgentemente a Calera, Zacatecas (el pueblo donde nació mi mamá) a
hacer un reportaje. Aparece en el sueño una gruesa barda amarilla de adobe: en la
parte superior sobresalen varios magueyes que son en realidad los pelos de un gigante
dormido… Despierto. Segundo sueño: estoy
en una oficina de la colonia Roma, acabo de arreglar una fotocopiadora y tengo
que bañarme. Alrededor hay jefes y secretarias caminando de prisa entre los escritorios;
cuando les hablo, no me contestan. Al fondo está nuestro amigo Edgar, "el Lobo",
arreglando unas computadoras. Entro al baño: una mujer cuya casa fue destruida
por el temblor acaba de bañarse y dejó tapado el desagüe, de la regadera cuelga su vestido, bastante
folklórico. Destapo el desagüe, el agua es gris y me da asco: al abrir la
regadera para enjuagarme la mano, el vestido se moja. Luego estoy en el pequeño
gabinete de un restaurante lujoso donde Doris y otra presencia que no reconozco
me esperan para desayunar. Cuelgo el vestido mojado de una percha, de su
interior salta un perrito diminuto que empieza a jugar encima de la
mesa. Mientras miramos el menú, llega Marychuy y nos dice que tenemos que ver una
serie de anime que acaban de estrenar: se enciende una pantalla y aparecen los
créditos iniciales del segundo episodio. Marichuy nos dice que no importa que
no hayamos visto el episodio anterior pues la historia en realidad empieza ahí:
se trata de una carrera de autos; el héroe de la serie es Torombolo, cuyo auto
es una cama. Me llama la atención que los japoneses hayan tomado a ese
personaje gringo para hacer un anime. De pronto la carrera de autos se convierte
en un cuento de hadas: hay varias partes algo abstractas y al final una
escena donde dos niñitos son llevados en brazos a través del bosque por el
Hombre Calabaza y un zorro anciano. Se supone que estos dos personajes son los
enemigos, pero yo siento una enorme simpatía por ellos. Yo lo
miro todo desde el punto de vista de los niñitos: el zorro y el Hombre Calabaza
nos depositan en un claro del bosque para luego transformarse lentamente en una máquina de vapor. Al fondo se ve el
contorno negro de los pinos, la luna llena y un cielo azul eléctrico lleno de
estrellas. Hace frío. Hombre calabaza y
zorro se congelan: primero sus manos esqueléticas y luego toda la máquina se
transforman en cenizas blancas que se esparcen hasta hacerlos desaparecer por completo, lo cual me causa
una enorme tristeza pues sé que también es el fin del mundo… Despierto.
viernes, 13 de octubre de 2017
13 DE OCTUBRE DE 2017
Primer sueño: es de día, voy caminando por los andadores de
la Jardín Balbuena y descubro que están construyéndose muchas torres. Son
torres altísimas, de diversos tonos de azul y están hechas de plástico. Llego a
un prado entre dos casas: del otro lado hay un camión de donde bajan unos
albañiles con cascos, colocan una
plancha de cemento en el pasto y en unos
cuantos segundos brota una de las torres que sube veloz hasta las nubes como si
fuera una planta. Calculo que cada torre tiene por lo menos cincuenta pisos. Sigo caminando, me doy cuenta que conmigo va mi amigo Edgar "el Lobo" y Lolita, mi perra; llegamos a la entrada de una de las torres. Pasamos a un enorme vestíbulo de techos muy altos y lleno de gente; las paredes
están tapizadas de pantallas donde aparecen cifras y letreros; en un rincón hay
un espacio con juegos infantiles y varios triciclos volcados. Hay varias tiendas
de ropa, papelerías, locales en renta con cartulinas de colores fosforescentes. Suenan
voces en lo alto, zumbidos: el ambiente se siente como el de un aeropuerto
enloquecido. Me preocupa que con tanta gente viviendo en la colonia se vaya a
acabar el agua. Llego a un mostrador donde hay tres bell boys jóvenes y peludos que parecen changos; les digo que mi
tía quiere comprar un departamento, que si me dejan pasar a ver cómo son. Los bell boys me levan con su jefe: es igual
a ellos pero mide el doble y está detrás de una barra alta. Hace gestos ridículos
y me señala unas escaleras mecánicas ocultas detrás de una pared. Cargo a
Lolita; conforme subimos, se ven abajo pasillos de cristal repletos de niños y adultos
que se mueven como hormigas. Llegamos a una parte alta donde hay una pileta de
agua muy sucia: en uno de los bordes hay alguien que al vernos salta hacia el
agua. Me asomo a la pileta, quien saltó es ahora una especie de caballito de mar
lleno de hilos y espinas que nada retorciéndose entre burbujas verdes que me
dan mucho asco. Lolita escapa de mis manos y salta al agua; voy tras ella y me
lleno de lodo: al sacarla veo que está toda enlamada y pienso que ahora tendré
que raparla. Luego estamos en el interior de uno de los departamentos; con
nosotros también está Doris. Hay una especie de fiesta familiar: en la cocina
hay varios televisores encendidos y unas señoras que preparan cazuelas de mole
y otros guisos. Caminamos entre personas que nos ignoran; llegamos a un
pasillito y entonces aparecen Laura Franco y Enrique Bernal, amigos de tiempos de
la secundaria. Laura dice que vayamos a uno de los baños donde hay más
privacidad; que nos va a contar un cuento de Jung (en la vida real, Laura es
terapeuta). El baño es muy grande y tiene una tina llena de agua; Laura comienza a hablar. A media plática, se abre la puerta y entra un robot gigantesco y bonachón:
es el papá de Laura que quiere usar el baño, así que tenemos que salirnos… Despierto. Segundo sueño: estamos
Doris y yo desayunando en un restaurante de Puebla, llega Gilberto a darnos
unos libros y le invitamos café. A un lado del restaurante hay una tienda de
artesanías: en uno de los estantes hay varios libros empaquetados en bolsas de plástico
y colgados en ganchitos; cada libro cuesta un peso. Descubro que sólo hay dos títulos diferentes, repetidos decenas de veces: El retorno de los brujos y Los
albañiles de Leñero. Decido comprarlos todos, pero entonces Gilberto me dice
que le deje la mitad para venderlos. Luego todo cambia: estoy yo solo frente a
un puestito de pelis piratas. En una pantalla están pasando un corto animado
que nunca he visto: se trata de un extraño video musical donde una mujer negra baila y
toca las maracas; junto a ella cantan unas jirafas. El estilo de los dibujos
me recuerda al de Sylvain Chomet. Veo que el corto dura menos de dos minutos y
decido ponérselos a mis alumnos de Narrativas en una clase sorpresa. Luego estoy tras mi lap grabando un dvd con
varias animaciones musicales en miniatura: ninguna pasa de dos minutos. Al
tratar de agregar el corto que acabo de ver, noto que hay un segundo que se
pierde: en el sueño ese segundo es una rayita de colores que parece una aguja de hielo,
lo cual me parece muy extraño. Sigo intentando que el corto quede completo,
pero entonces todo cambia y estoy en el comedor de la casa donde viví de niño, acomodando en
una caja de cartón las hojas onduladas de un horrible adorno navideño viejísimo… Despierto.
lunes, 9 de octubre de 2017
9 DE OCTUBRE DE 2017
Primer sueño: estoy en casa de mi mamá, tengo como 17 años. Llega una mujer a preguntar cuántas personas viven ahí; yo me oculto en un pasillo y empiezo a hacer ruidos de chango con la boca. Mi mamá le contesta a la mujer, pero no oigo lo que dice. Luego estoy en la orilla de una carretera solitaria: es muy noche y hace frío. Mi amigo Timo sale de unos arbustos, dice que está viviendo en la selva y saca unos chocolates de su mochila; después abre los brazos y me enseña su disfraz: se trata de un "topoch" (un costal convertido en túnica). Llega una patrulla y se estaciona frente a nosotros; tras ella hay varios autos lujosos y antiguos. Un hombre viejo y distinguido baja la ventanilla de uno de los autos y le da a Timo una carta donde dice que son miembros de un grupo exclusivo de escritores, entre los que están Mónica Sánchez Escuer y Tania Campos. En esos momentos recuerdo que Doris me encargó conseguir una buena serie policíaca. Volteo hacia la patrulla y veo que en el interior están los Rolling Stones: se ven muy jóvenes y todos visten uniformes de policía; se supone que son los protagonistas de una famosa serie de los 70s que no hemos visto. Luego todo cambia: es muy temprano, Doris y yo estamos en la gerencia de un hotel donde trabaja Antonio Lupián. El gerente es un hombre gordo y chaparrito, muy amable: nos dice que esperemos ahí, que Lupián llamó avisando que viene en camino. Aparece la imagen de un trolebús; desde una de las ventanillas, Lupián mira la ciudad: es NYC en los años 50s, hay muchos edificios caídos por el temblor. Doris y yo pasamos al restaurante a desayunar: el gerente se acerca y nos dice que pidamos lo que queramos, que es cortesía del hotel. De pronto empiezan a moverse los candiles que decoran el restaurante: cuando volteo hacia arriba, descubro que son los aretes de unas orejas gigantes… Despierto. Segundo sueño: hojeo el libro de un caricaturista antiguo donde hay escenas navideñas hermosísimas. Entre los personajes reconozco a Lilo y Stitch, pero dibujados como art nouveau. Empiezo a sentirme muy triste, pues sé que nunca voy a poder vivir una navidad antigua; entonces me doy cuenta de que estoy en el patio de una vecindad mexicana. Llega Doris y me cuenta que Frida Kahlo murió rodeada de políticos que ya querían que se callara pues estaba diciéndoles sus verdades. Luego estamos Doris y yo en el metro, que corre muy veloz; aunque el vagón está casi vacío, vamos de pie. Cuando llega a la estación, el vagón abre la compuerta: para nuestra sorpresa, se trata de toda la pared lateral. Afuera se ven anuncios luminosos que me deslumbran… Despierto.
martes, 26 de septiembre de 2017
26 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Primer sueño: un sótano vacío y muy grande bañado por una luz blanca e irreal; en el centro hay una tornamesa antigua donde estoy programando música. Decido poner el Stand Up de Jethro Tull, veo a detalle la aguja hacer contacto con el disco y oigo la voz de Ian Anderson, quien dice algo sobre el sismo. Pienso que si vuelve a temblar voy a quedar atrapado en ese sótano. Luego veo a un hombre calvo; usa lentes y tiene como 70 años. En el sueño sé que hay sospechas de que ese hombre pertenezca al KKK; de pronto, en un círculo nebuloso que flota, aparece la imagen de su esposa: es negra y está ciega. El hombre se dedica a instalar aparatos de espionaje; mientras está sentado en una silla, una mujer en bata lo señala furiosa y le grita cosas que no se oyen. Por una ventana veo a un muchacho revolucionario y copetón bajar del coche de su papá: camina por una calle y entra al recinto donde se encuentra el hombre calvo, empieza a gritarle y a querer golpearlo, pero llegan unos marineros y se lo impiden. Alguien canta: "lero, lero, marinero". El hombre calvo sigue en su silla, quieto: aparecen unas bailarinas de ballet haciendo figuras frente a él. Otra vez se acerca la mujer en bata pero esta vez sólo se le queda viendo. Luego todo cambia: estoy en un salón lleno de desconocidos, ignoro qué hago ahí. Alguien me recuerda que tengo que dar una clase sobre animaciones, así que empiezo a buscar al encargado de instalar el equipo de proyección. Hay una ventana por donde entra mucha luz, les digo a unas mujeres que cierren las cortinas: cuando lo hacen, veo que aún entra luz. Una alumna que no conozco me dice que no soy Platón pero no entiendo qué significa. En una pantalla aparecen animaciones rusas de un zorro… Despierto. Segundo sueño: vuelo alrededor de un castillito moderno, su arquitectura es exquisita y algo barroca. Miro el castillito desde varios puntos; tiene muchas torres y antenas. Me detengo, volando, frente a una hilera de ventanas: en el interior se ve una basta y ordenada biblioteca iluminada por luces amarillas muy tenues. Sé que nadie ha abierto esos libros en décadas, pese a que todos los días una doncella les sacude el polvo. Luego estoy en un lugar muy extraño, una presencia me dice que es un zoológico. Aparece una superficie cuadriculada donde veo formados muchos animales de plástico: hay antílopes, renos, osos; llega mi hermana Vero y me dice que lo único que vale la pena son los changos. Entro a un salón largo y oscuro: en uno de los extremos hay un cristal; del otro lado se supone que viven los changos. Trato de distinguirlos, pero sólo noto neblina muy espesa y ramas que parecen estar sumergidas en agua; me da un poco de miedo que de pronto se aparezca la cara gesticulante de un simio. Luego salgo a un pasillo largo, llego a unas enormes escaleras circulares y entonces sé que estoy en una universidad lujosa: abajo se ve una explanada por donde caminan alumnos en grupos y unos profesores japoneses. De los altavoces surge una voz femenina y circense que va a presentar a los changos. Miro hacia arriba: donde antes estaban las escaleras circulares aparece un cilindro de cristal donde se supone que viven los changos, pero otra vez no se ven pues la neblina lo cubre todo. Pienso que a lo mejor los changos son alienígenas y que el cilindro es una nave… Despierto
domingo, 24 de septiembre de 2017
24 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Estoy en una sala de proyecciones de una universidad que no conozco: un grupo de imitadores de los Beatles se prepara para tocar. Hay mucha gente: algunos llegan a ocupar los pupitres, otros se quedan de pie. Los imitadores de los Beatles pasan al frente del salón y empiezan a tocar "It won’t be long" a todo volumen; son seis y no cuatro: todos se parecen a George Harrison. En el pizarrón que está detrás de ellos hay dibujos y fórmulas. De pronto estoy debajo de un escritorio pues está temblando, frente a mí hay unas secretarias que platican y comen papitas; me llama la atención que no se ven asustadas… Despierto.
martes, 19 de septiembre de 2017
19 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Estoy en el departamento de la colonia Álamos donde viví
varios años: cortaron la luz y todo está lleno de telarañas. En la mesa de la sala
hay una presencia dormida, no sé quién sea pues está tapada con una cobija pero
sé que no debo despertarla. Mario González Suárez me llama por teléfono para
decirme cómo quedaron mis horarios de la Escuela Mexicana de Escritores: voy a
dar ocho horas semanales de clase a un nuevo grupo. Por el auricular escucho el desmadre
de los alumnos y me alejo con todo y aparato telefónico de la presencia dormida
pues son muchos los gritos. Doy un paso y llego al comedor de la casa donde viví
de niño: me sorprende que se junten dos tiempos y dos espacios. En el auricular
ahora se escucha a Joana Medellín cantando arias militares: arranco el cable
del teléfono para que la presencia dormida no despierte, pero aún así el canto
continúa. En eso llegan al departamento un grupo de personas, entre los que recuerdo
a Magdalena, Fernando Cárdenas y Angélica Santa Olaya, quien viene acompañada
por una hija joven que yo no conocía; vienen todos a desayunar, pues yo los
había invitado y no me acordaba. Santa Olaya se pone a criticar la oscuridad y las
telarañas; yo la invito a que pase al estudio donde guardo los libros. En la
sección de poesía están varios tomos de una poeta africana de ciencia ficción:
son muy gruesos y en los lomos hay escenas de elefantes y jirafas que se
mueven; Santa Olaya queda sorprendida de que me guste esa poeta. Le enseño mis
primeras ediciones de Tario; luego platicamos y ella me dice que su hija
estudia teatro y que es muy buena: al final les regalo el Equinoccio de Tario y Angélica Santa
Olaya me corresponde con un ejemplar autografiado de su último libro. Luego todos
se van y yo me asomo al hueco que hay entre los libreros y la pared: está lleno
de polvo y basura, pero en el extremo más lejano brilla un gato egipcio de
cristal. De pronto recuerdo que esa habitación solía estar habitada por un
espectro. Me tranquiliza pensar que el gato de cristal lo espantó, pero en eso logro
percibir al espectro: está oculto en una esquina del techo, hecho bolita y convertido
en estambre, lo cual me da mucho miedo. Aparece Liliana Bretón y me dice que no
me preocupe, que me vaya a vivir al campo. Luego estoy en medio de una pradera
llena de arbustos pequeños y partida en dos por una veredita; a lo lejos se ve
un bosque de árboles muy altos. Llega una gallina gris: empieza a picotear
alrededor mío, la tomo con las manos y veo que no pesa casi nada. Inflo
suavemente a la gallina, la suelto y empieza a flotar como un globo para luego
volver a caer en el pasto donde sigue picoteando. Aparece una especie de topo
que comienza a olisquearme; luego un pavo real hembra que se esconde detrás de un arbusto y se abanica con
un ala. De los árboles surge un pavo real macho que vuela como una flecha por
todas partes: también hay unos animalitos extraños, entre reptiles y mamíferos,
que se arrastran lentamente entre las piedras. Yo me alejo de la pradera caminando de espaldas, mientras admiro el movimiento coordinado de todos los animales; el topo me sigue y
repega su nariz a mis piernas. Entonces llego
cerca de una línea transparente que divide la escena: de un lado está la
pradera y del otro una avenida de La Florida, Naucalpan. Me acuesto en el pasto
y ruedo hacia la línea, hasta quedar con medio cuerpo en la pradera y medio
cuerpo en la avenida donde hace mucho sol y es domingo. El pequeño topo se acuesta junto a
mí y me pongo a hacerle cosquillas hasta que se convierte en un perro: sé que a Doris le va a dar mucho gusto que lo adoptemos…
Despierto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
-
Doris y yo vivimos en un departamento pequeño, no tenemos perros y somos otras personas. Después de comer le aviso que voy a dar una vuelt...
-
Primer sueño: voy con Jacovich Gma subiendo por una escalerita de caracol repleta de japoneses, él me va platicando sobre unos excelent...
-
Doris y yo estamos en un parque, es sábado y hace mucho sol así que nos metemos debajo de una palapa donde están algunas de mis tías. De p...