miércoles, 30 de agosto de 2017

30 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: estoy en una casa de varios pisos. En el centro de la casa hay unas escaleras de piedra en espiral que dan a las recámaras: cada recámara tiene una decoración diferente. Voy saltando veloz por las escaleras, necesito encontrar mis cosas pues nos vamos a ir de ahí. Entro a una de las recámaras: hay un tocadiscos y un montón de LPs; reconozco el de Raccomandata Ricevuta Ritorno. Luego voy bajando por las escaleras y llego a un lugar donde hay varias personas vendiendo juguetes piratas; al querer pasar por ahí, tiro sin querer un estante donde hay muchos héroes plásticos de anime. El dueño de ese puesto se me queda viendo pero no dice nada. Me dirijo al cubo de la escalera y empiezo a volar hacia arriba. El sueño cambia y estoy en un mercado del Centro de la Ciudad de México donde hay un laberinto de pasillitos muy angostos, entre escaparates de cristal. Veo que en uno de los escaparates hay un muestrario de hierbas medicinales y estampas de santos; entonces me convierto en un cubanito jorobado y empiezo a bailar: al pasar frente a un espejo, descubro que estoy vestido con un ridículo trajecito a rayas y uso un sombrero plano… Despierto. Segundo sueño: voy caminando por las escaleras de un hotel lujoso pero muy antiguo: quedé de desayunar con Doris y Rose Sousa, quienes van a llegar a un restaurante mexicano que está en alguno de los pisos del hotel. Cruzo pasillos que tienen el suelo como lomas de campo de golf; cuesta mucho trabajo caminar por ahí. Por fin llego al restaurante: desde afuera, por el cristal, veo que los gabinetes están colocados como gradas; en varios de ellos hay familias comiendo, pero en ninguno veo a Doris ni a Rose. Decido quedarme a esperar afuera, pues junto a uno de los gabinetes están unos mariachis tocando a todo volumen y la música me molesta. Me siento en el suelo y saco mi libro para leer en lo que espero… Despierto. 

martes, 29 de agosto de 2017

29 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: voy con Doris en el coche, ella maneja. Es muy noche, cruzamos calles vacías y algo lluviosas; a mí se me antoja un tepache. Pasamos por las cocinas de un mercado: todas están cerradas a excepción de una, donde varias señoras recogen las mesas y lavan los trastes. Doris se estaciona a un lado del camellón: yo me bajo del coche y les pido a las señoras del agua jamaica que tienen en un vitrolero. Regreso con Doris, a quien le duele la garganta; le digo que tome un poco de agua y que con eso se le quita. Luego estamos comiendo "tamal de cubeta": las cubetas son enormes y hay que comérselo con cucharas largas de madera. Mi tamal tiene mucha cebolla y pienso que Doris no me va a querer besar. Luego estoy escondido en una bodeguita secreta que se encuentra en la parte trasera de un establecimiento de envíos postales: espío a los empleados, pues necesito sacar un documento de la caja fuerte. Los empleados entran y salen por una puerta que da al corredor; también pasan dos enfermeras que llevan varios archiveros en una camilla. Cuando por fin todos se van, veo que la caja fuerte está abierta, pero sus puertas son como de cantina y no dejan de moverse: temo que si meto la mano para sacar el documento, pueda lastimarme. Luego el sueño cambia y me encuentro en la sala de espera de un consultorio: se trata de un patiecito cubierto; por la ventana se ve un paisaje rural. Junto a mí hay otras personas sentadas esperando; aunque no la veo, sé que mi mamá está en el consultorio y que va a darles terapia a todos. Las sillas donde estamos sentados son de maderitas de colores, igual a unas que tuvimos mi hermana Vero y yo cuando éramos niños. Se abre una puerta y entran dos chistosísimas mujeres flacas con cara de pajarraco; aunque son idénticas, sé que son madre e hija. Se sientan junto a mí y una de ellas me pregunta que si yo soy el famoso tarotista. Le contesto que no soy famoso pero que sí hago lecturas de tarot; ella me dice que un importante gurú me recomendó y que quiere hacer una cita. Entonces se vuelve a abrir la puerta y entra un señor gordo y pelón vestido de blanco; se supone que es el hermano gemelo de la mujer… Despierto. Segundo sueño: estoy en la azotea de la casa, frente a mí hay un puente colgante que da a una casucha hecha de materiales diversos y que flota en el aire. Sé que si cruzo ese puente me será muy difícil regresar, pero al mismo tiempo me da curiosidad entrar a la casucha, pues ahí viven unos salvajes que nadie ha visto. Luego estoy en la recepción del Hotel Jardín Amazonas, donde trabajé varios años a finales de los 80s; junto a mí están Toni Rodríguez y Eduardo Parra, pero son casi adolescentes. Entro a la oficina del dueño del hotel, quien aún no ha llegado: le dejo en el escritorio dos ejemplares de la revista La Mandrágora. Hay mucho polvo; desde la puerta de la oficina se ve un pasillo largo y neblinoso. Cuando regreso a la recepción, descubro que Eduardo se apoderó de las revistas y que con su pluma está tachando nombres en la página editorial; le digo que hay que volver a ponerlas en el escritorio. Aparece una enorme mujer monstruo, mide como tres metros y tiene puesto un vestido negro muy elegante: nos dice que ella puede llevar las revistas al escritorio, pero que le echemos aguas por si viene el dueño; en la calle se estaciona un taxi… Despierto. 

domingo, 27 de agosto de 2017

27 DE AGOSTO DE 2017

Estoy en una elegante fiesta que es también la subasta de varias pinturas que iban a ser portadas de discos de rock, pero que nunca se utilizaron. Hay mucha gente y varios mayordomos idénticos sirviendo bebidas; de las paredes cuelgan cuadros enormes de Emerson, Lake & Palmer, Jethro Tull y Pink Floyd. Me acerco al cuadro que se encuentra al final de un pasillo: es una pantalla donde están pasando un programa de televisión de los 50s. El programa es un concurso que se llama "Carambola humana"; las secuencias son en blanco y negro, casi plateado. Me quedo absorto, mirando el programa: en una toma aérea, un hombre hecho bola rueda en el suelo hasta un agujero donde se supone que hay otros hombres y mujeres también hechos bola. Cuando el hombre logra entrar al agujero, todos los que estaban ahí salen encadenados, reptando en conjunto como un gran gusano humano. Me sorprende que se hiciera un programa tan raro en esos tiempos, pero la sorpresa es mayor cuando descubro que uno de los participantes es Carl Sagan de joven. Luego todo cambia y estoy viendo una comedia que trata de una señora muy gorda que vive feliz con su marido, sus hijos y su perro. La casa de la señora es una especie de barco o mantequillera gigante, donde las habitaciones son capas delgadas y transparentes. La señora dice que la cocina y el baño son de su pertenencia: entonces veo una cocina japonesa donde todo está pulcramente ordenado y un baño con una tina larga en cuyo interior chapotea feliz el perro de la casa… Despierto. 

sábado, 26 de agosto de 2017

26 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: es muy noche, me encuentro en el interior de un carro alegórico sin techo; conmigo está Enrique Bernal. Vamos disfrazados de centuriones, aunque también parte de nuestro atuendo son cuernos, colmillos y garras. Le voy contando a Enrique mis experiencias en otros desfiles y él me escucha con interés. Recorremos calles oscuras y vacías; salimos a una avenida arbolada que tiene un gran camellón en el centro. De pronto, en el cielo aparecen varios platillos voladores luminosos que se mueven de manera errática. El carro se detiene y le digo a Enrique que nos bajemos a sacar fotos. Vamos corriendo a lo largo de la avenida; arriba los platillos voladores se ven impresionantes. Entonces llegamos a una bocacalle y descubrimos que los platillos son en realidad las luces de unos reflectores que manipulan dos tipos fortachones. Junto a una pared hay otro fortachón girando una palanca que mueve varios columpios tripulados por niños muy pequeños. Hay otros niños y niñas formados esperando turno para subir a los columpios; todos van vestidos de blanco. A un lado de la pared hay una larga alambrada por donde se ve, a lo lejos, un bosque oscuro. Luego estoy en una cabaña casi vacía: sólo tiene un colchón en el suelo y una mesa baja donde hay pan rústico en un plato. Salgo de la cabaña: está amaneciendo y frente a mí se ve un paisaje muy bello de montañas, bosques y nubes. Hace frío y siento mucha tristeza. En otra cabaña cercana se ve gente en el interior; pienso que son scouts. Regreso a mi cabaña: sé que debo pasar ahí varias semanas hasta sentirme bien, pero me preocupa que no tengo libros ni cuadernos para entretenerme… Despierto. Segundo sueño: estoy en una salita platicando historias con algunos camaradas: Jacovich, Eduardo Gómez, mi primo Horacio y el Kapus (un amigo de los ochentas que nunca volví a ver). Llega Juan Carlos Barrera con una libreta a interrogarnos sobre un robo, pero no le hacemos mucho caso pues no sabemos nada. Se va un poco molesto y entra a una cocina donde varias mujeres están haciendo de comer. Entonces aparece en mi sueño un árbol grande. Al acercarme, descubro que tiene un agujero ovalado en el tronco por donde empiezan a aparecer imágenes: se trata de las fotos de varios forajidos que busca la justicia y por los cuales ofrecen fuertes recompensas… Despierto. 

jueves, 24 de agosto de 2017

24 DE AGOSTO DE 2017

Estoy arreglando la biblioteca: a los libros de ciencia más nerds les pongo en el lomo unos lentecitos de plástico. Hay dos libros de un científico que fracasó y que valen muchísimo pues ya nadie los lee. Veo una breve película de la vida de ese científico; es como una cinta de cine muy rudimentaria que al final se adelgaza y es tragada por un hoyo negro. El científico es John Turturro. Doris está junto a mí, hablándole por teléfono a Sven Doehner, pues van a organizar un curso de brujería. De pronto estamos en una calle arbolada. Entro a la pocilga donde vive mi padrinito; un teporocho que se la pasa jugando al ajedrez con Tzekub Baloyan (el personaje de Chanoc), a quien siempre le gana. Le digo a mi padrinito que me deje pasar a su baño, él me señala una puerta y entonces cruzo un pasillo lleno de basura, cobijas sucias hechas bolas y perritos durmiendo. El baño es un desastre de goteras, cubetas y tubos rotos. Cuando salgo, Tzekub ya se fue y mi padrinito me invita a echarme una partida: veo que su ajedrez está incompleto y que junto al tablero hay varias torrecitas de monedas de a 10 pesos. Regreso con Doris a la calle arbolada: en unas escaleritas están sentados Eda Sofía y Mario Todd; junto a ellos hay una canasta grande. Eda nos dice que alguien les dejó esa canasta y que no saben qué hacer: me asomo y veo que contiene a un bebé dormido. El bebé se llama Gogoduk; pienso que el nombre debe de tener algún significado profundo, que habría que googlearlo. Luego todo cambia: voy con Gilberto Soriano por unas favelas deshabitadas. Es muy noche y volamos como si fuéramos tarzanes, pues un espía fantasma nos está persiguiendo. Desde la altura se ven las casuchas y los edificios despintados: bajamos para escondernos debajo de un puente y entonces nos damos cuenta de que estamos en el Periférico, a la altura de Avenida Observatorio. En el puente, que es enorme, hay otras personas esperando el autobús; casi no hay autos y las personas duermen de pie. A lo lejos se ve un autobús acercándose lentamente: se trata de unos multicinemas que van rumbo a Satélite; cuando están frente a nosotros, el conductor –Luis Boiler abre la puerta y nos dice que si queremos él nos puede llevar sin problema hasta Aguascalientes. Subimos; Gilberto paga. Entonces vemos que en los cines están exhibiendo puras películas de terror… Despierto.

miércoles, 23 de agosto de 2017

23 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: en una pared, sobre la cabecera de una cama, hay varias fotografías y cuadros colgados. Estoy con mucha gente desconocida viendo los cuadros. De pronto descubro que uno de los cuadros cambia cada vez que lo veo; eso me aterra. Les digo a los otros que vean el cuadro: aparecen escenas de un concierto de rock, caras italianas, corazoncitos y animales; en eso estamos cuando de una esquina de la pared surge un vaquero que destruye el cuadro con las manos. Luego voy caminando con Doris por una calle desierta de la colonia Doctores; es muy noche y hace frío. Aparece Libia Brenda y nos dice que podemos quedarnos en su casa a dormir porque a esa hora la zona es bastante peligrosa. La casa de Libia Brenda es muy extraña; la mitad inferior de las paredes es de cristal y sus muebles son como del futuro. Estamos sentados en el comedor tomando café: en la mesa hay muchos libros y cuadernos pues Libia está trabajando en una traducción. En la pared está la imagen de una niña pequeña y completamente rapada; se trata del cartel de la película Stranger Things que acaban de estrenar. Veo a la niña rapada en el baño lavándose los dientes. Luego todo cambia: Doris y yo nos encontramos en la calle sateluca donde viví de niño; está amaneciendo y reina el silencio. Volteo hacia la casa: veo como las plantas de las macetas han crecido de manera salvaje, envolviendo barandales y muros. Miro de cerca el tronco de una bugambilia: tiene una piel con dibujos muy complejos como de tapete persa. Doris me pasa unas botellas de Sidral Light: hay que aventarlas hacia arriba y esperar a que caigan y exploten. Sale la señora Tere, la vecina de enfrente; en el sueño es muy joven y se parece a la Señorita Cometa. Felices, la señora Tere y Doris comienzan a aventar los Sidral Light al cielo; yo me acuesto en el suelo para ver cómo caen… Despierto. Segundo sueño: varios desconocidos y yo estamos en una especie de tren donde cada vagón es un feudo. Tenemos que llegar al último vagón donde está el Infierno; en mi mente, veo escenas anticipadas de ese último vagón: una sala tapizada de terciopelo rojo donde hay maniquíes de ambos sexos vestidos de cuero y plumas, fumando. Vamos pasando de vagón en vagón, en cada uno hay personajes diversos disfrazados. Llegamos a un vagón ovalado donde la entrada es muy estrecha, del otro lado están formados varios buzos; también hay mujeres scouts haciendo la cena. En eso aparece Doris, me dice que me espera en la casa. Paso al vagón del Cielo: se trata de una librería enorme, redonda y llena de luz, parecida a un platillo volador. Antes de entrar, una maquinita me saca una foto mientras se escuchan rezos. La foto se convierte en media máscara que tengo que ponerme y que me hace ver luminoso y santo, aunque también algo deforme, como si fuera un personaje de los Simpsons. Empiezo a revisar los libros que están colocados en los estantes: son las nuevas e inmaculadas novelas de ciencia ficción editadas por la editorial Nova; escojo algunas de autores desconocidos. Detrás del último estante se abre un abismo luminoso: en una saliente está un joven cajero con su máquina registradora exigiendo que paguemos los libros. De un pasillo sale mi amigo Manolo, quien es empleado de la librería, y le dice al cajero que mis libros son cortesía de la casa. Llega un ángel y nos dice que nos pongamos junto al cajero para sacarnos una foto: al hacerlo, caemos en el vacío… Despierto.

martes, 22 de agosto de 2017

22 DE AGOSTO DE 2017

Platico con Fernando Cárdenas, quien en el sueño es un escritor beatnik; lo acompañan su sobrina y un jovencísimo poeta maldito. Estamos alrededor de una mesa metálica, nos rodean las penumbras. Fer está recomendándome al poeta, quien acaba de publicar su primer libro. Yo dudo de las apreciaciones de Fer y empiezo a dibujar con un plumón en una hoja blanca tamaño oficio. Cuando hago temblar la pluma, el dibujo aparece solo: se trata de un paisaje algo siniestro donde se ven árboles y un río; les digo que ahora van a saber lo que es la verdadera maldad. El poeta queda sorprendido con mi destreza para dibujar; sé que quiere pedirme regalado el paisaje, pero no se atreve. La sobrina de Fer me pregunta que qué opino de los sombreros; entonces yo arruino el paisaje dibujándole un tosco sombrero en una de las esquinas. Luego todo cambia: estoy con mi familia en un saloncito alfombrado y lleno de almohadones; también están varias de mis primas. Doris les está contando la historia del hombre monstruo que vive en el Hotel Presidente de Cancún; todos la escuchan con mucho interés. Subo a un tapanco donde están guardados los libros de mi papá; empiezo a revisarlos y me decepciono, pues todos los que me interesan ya los tengo. Entonces descubro dos libros azules y largos de pasta dura: al sacarlos, veo que son Poe Tomo 1 y Poe Tomo 2. Los libros están forrados con una pasta extraña que resplandece. Al abrirlos, veo que el Tomo 1 trata sobre la historia de todos los presidentes gringos, mientras que el Tomo 2 tiene diversas ilustraciones de terciopelo en alto relieve: son duendes monstruosos trabajando en una mina. Bajo del tapanco y le digo a mi papá que me preste esos dos libros: él acepta; mi prima Laura me mira con cierta complicidad pues entiende que me voy a quedar con ellos para siempre. Mi prima es al mismo tiempo mi amiga Magdalena, y sé que luego me va a pedir uno de los libros, pero pienso vacilarla dándole el de los presidentes gringos. Doris guarda los libros en un morral hippie; entonces mi papá me dice que vayamos a ver si ya viene mi hermano Leo, quien en el sueño es un niñito. Doris y yo salimos a esperarlo a la entrada de la casa, desde donde se ve una loma de la que bajan varios autobuses. De uno de ellos baja mi prima Martha; está muy afligida pues dice que van a operar de una muela a nuestro primo Gerardo… Despierto.

lunes, 21 de agosto de 2017

21 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: soy invisible y estoy preparando un platillo que es a la vez una especie de constelación que da vueltas y vueltas frenéticamente. En cada vuelta agrego ingredientes y el resultado es una caleidoscópica mutación de colores y formas imposible de describir. Alrededor del platillo se ven rostros enormes que aprueban o desaprueban: son sacerdotes arcaicos; al único que reconozco es a Alberto Buzali. El movimiento se desacelera y al final aparece el mundo conocido: una mesa larga de madera rústica en la cocina de un restaurante muy antiguo: ahí va a aterrizar el resultado final del platillo que ahora está en una cazuela de barro. Veo que entre los ingredientes hay una canica que es al mismo tiempo la yema de un huevo muy pequeño como de codorniz… Despierto. Segundo sueño: voy en un vagón del metro que recorre las calles de la ciudad de México. Es muy noche y pasamos por avenidas vacías desde donde se ven edificios poco iluminados y parques desiertos. Yo estoy sentado en el último vagón que es enorme: hay pocos pasajeros y la mayoría de ellos van dormidos. Junto a mí hay dos hombres delgados: se parecen mucho, ambos usan sombrerito y bigote. Aunque no los conozco, se supone que somos camaradas y hay un vínculo misterioso entre nosotros. De pronto el vagón de metro se transforma en un autobús. Ahora recorremos una autopista que cruza pueblitos diversos; arriba hay luna llena. Veo una tienda rural donde venden cubetas y escobas, está medio oculta en un callejón poblado de arbustos. Nos rebasa otro autobús a toda velocidad: descubrimos, asombrados, que en ese autobús también vamos los dos hombres delgados y yo, aunque profundamente dormidos. Empezamos a discutir el significado de la visión; estamos bastante asustados. En eso pasa otro autobús diferente al anterior, va dando saltos bruscos: también en él vamos los dos hombres y yo, aunque esta vez despiertos. Empezamos a gritar y a brincar agitando los brazos, para que los otros yoes nos vean pero no lo logramos. Al poco rato nos rebasa un tercer autobús; esta vez es totalmente blanco, como artificial. Los pasajeros, aunque humanos, parecen muñecos: tienen los labios muy rojos, las miradas fijas y ausentes; ninguno de ellos es como nosotros. Entonces me doy cuenta de que el autobús en que viajamos se dirige al castillo de Drácula y que todo es parte de una película. Por anticipado, veo visiones de lo que se avecina: varios lobos monstruosos encadenados y una lluvia de tzitzimimes (el sábado, Doris habló sobre las terribles tzitizimimes en una clase de vampiros mexicanos). Luego todo cambia: es de día y estoy frente a una enorme superficie de cemento; a lo lejos se ven las montañas y un paisaje desértico. De la nada, se materializan varios automóviles de nube: cada uno de ello es, en el sueño, una de las películas clásicas de Disney (estos días, Doris y yo hemos estado revisando pelis viejas de Disney). Los automóviles empiezan a acomodarse en la superficie de cemento: descubro que hay líneas amarillas trazadas en el piso como si se tratara de un estacionamiento. El movimiento de los automóviles es fascinante: hacen coreografías y maniobras imposibles; veo que ninguno está tripulado. Quedan en la posición final, que supuestamente es la de mis gustos: en primer lugar están El libro de la Selva y Pinocho (que en realidad no son las que más me gustan). Todos los automóviles son del mismo tamaño, a excepción de Dumbo que es muy pequeño y que sigue moviéndose sin encontrar su posición final. De pronto Dumbo salta a mis manos: trato de atraparlo pero no lo logro, así que se funde en mi pecho… Despierto. Tercer sueño: Doris tiene de visita a unos extraños parientes que yo no conocía; son primos y tías muy serios, estrictos y silenciosos, como de otra época. Estamos todos desayunando en un café al aire libre lleno de vegetación: los parientes de Doris visten de blanco y son propietarios de un negocio en la Jardín Balbuena que se llama "Salón de enchiladas y lecturas literarias". Por la tarde debo dar una conferencia  ahí, y estoy nervioso pues no quiero quedar mal con los dueños. Todo mundo se va y yo me quedo haciendo los apuntes para la conferencia; un mesero me sirve café en una tacita blanca. Luego voy caminando por Lorenzo Boturini: me miro en el vidrio de un aparador y veo que tengo en la frente un pequeño círculo; se supone que es el “tercer ojo”. Comienzo a exprimirme el círculo: brota un hilo gris, largo y muy delgado que se retuerce; lo limpio con un pañuelo y entonces descubro que tengo los ojos muy rojos. Pienso que es de tanto llorar por Judy, mi perrita, que en paz descanse. Luego empiezo a volar: primero muy cerca del suelo, planeando y tratando de coordinar mis movimientos; luego cada vez más alto. Está oscureciendo: en el cielo se ven nubes espesas y moradas. Sigo elevándome pero me doy cuenta de que nadie me ve, así que grito. Paso por un edificio, en los balcones hay unas señoras tejiendo. Doy una vuelta por encima de la Delegación Venustiano Carranza, abajo hay transeúntes que me señalan, me da temor de que vayan a llamarle a la policía. Luego giro hacia un parque lleno de árboles, tengo que esquivar cables de luz y ramas demasiado grandes: cuando estoy demasiado alto, pienso que me va a ser muy difícil regresar… Despierto. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

16 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: estoy en una casa extraña: subo a la azotea y descubro que es la casa donde viví de niño. En el borde hay un tinaco monstruoso; junto a él un artefacto triangular que supuestamente es la bomba de agua. Bomba y tinaco dan la sensación de estar vivos. De pronto, de un tubo de la bomba surge un enorme chorro de agua que llega casi hasta el cielo: empieza a llover y todo se llena de charcos; miro mis pies y veo que mis huaraches se están despintando. Bajo de prisa por una escalera de mano: ahora estoy en el gabinete de una cafetería antigua. Llega mi amigo Óscar Luviano; una mesera nos sirve dos tazas de chocolate caliente. Le digo a Luviano que hay dos clases de sueños: por un lado están los sueños planos que son muy lentos y un poco aburridos, pero que sirven para profundizar en emociones diversas; por otro lado están los sueños maraña, que son frenéticos y cargados de símbolos, aunque muy confusos. Luego vemos que en la pared del gabinete, a una altura como de tres metros, cuelga un letrero ovalado con una sola palabra, la cual no recuerdo pero que en el sueño tenía un significado contundente y revelador. Salimos de ahí; Luviano me lleva a unas escaleras que bajan: en los descansos hay puertas cerradas y en las paredes mosaicos con los nombres de personajes ilustres. Entonces me doy cuenta de que la cafetería donde estamos fue antiguamente una escuela colonial, y que varios héroes olvidados estudiaron ahí. Luego todo cambia: Doris y yo recorremos un paisaje lleno de islotes y bahías; hasta donde alcanzamos a ver, se divisa una tierra inundada en partes y un cielo gris que da una sensación de tiempo detenido. El lugar es extraño y fascinante; como la imagen que tengo en la mente de Terramar, el planeta inventado por Ursula K. Le Guin. El suelo de esta tierra es un musgo verde, muy sedoso y esparcido de manera regular como si fuera artificial. Conforme avanzamos, vemos montículos donde hay familias pescando o comiendo alrededor de manteles blancos. Llegamos a una zigzagueante vereda que sube: del lado izquierdo hay una pared altísima llena de plantas; del lado derecho un precipicio que da al agua. Me adelanto y llego a una parte muy estrecha, obstruida por una mujer que lee un libro y un señor bigotón que duerme; como no puedo pasar por ahí, decido saltar al agua, pero no veo si Doris me sigue. Luego estamos en otra parte de esa misma tierra, pero ahora en una especie de playa: con nosotros va un grupo de adultos y varios niños pequeños. Tenemos que cruzar al otro lado, pero el agua se ve muy turbia y no sabemos si hay alimañas que puedan hacernos daño. Un señor de lentes carga a un bebé; se supone que ese señor es el líder y que va a guiarnos por las partes donde el agua está más baja. Lo seguimos; en el agua hay flotando dados de juguete, ruedas y otros objetos. Llegamos a una parte estrecha: del otro lado se ve una ventana que sobresale del agua; nuestro objetivo es llegar ahí. El señor de lentes se adelanta; cuando entra por la ventana empieza a bañar a su bebé en una tina y nos dice que ahorita que termine va por nosotros en una lancha. Impaciente, decido brincar por el agua, a riesgo de que me pase algo: en dos saltos llego a la ventana, pero cuando entro, el señor de lentes y el bebé ya no están. Empiezo a sentir mucho frío, pues quedé empapado: el interior del lugar es ahora el departamento de Donceles donde vivió mucho tiempo mi amigo Timo en los 90s. Busco una toalla para secarme y descubro que todo está lleno de cachivaches y que un montón de libros se arruinaron con el agua... Despierto. Segundo sueño: voy caminando por las calles de una ciudad sitiada y vacía; parece que es la colonia Roma, pero diferente. Está amaneciendo; a lo lejos se escucha que estallan bombas y que pasan aviones. Me encuentro frente a la cantina "La Villa de Sarria" que está en la esquina de Campeche y Monterrey: unos barrotes impiden el paso, pero logro ver que en el interior hay varios soldados registrándolo todo. Me retiro en silencio, temeroso de que me descubran. Caminando entre sombras llego a mi recámara: se trata de una bodeguita paupérrima, con huacales en vez de muebles, un catre desvencijado y manchas negras en la pared. Cruzo un pasillo y ahora estoy en el patio de una vecindad: frente a mí hay una cerrajería de ladrillos rojos que parece estar cerrada desde hace años; sus dueños son dos hermanos que murieron en la guerra. Despierto y empiezo a anotar mi sueño para que no se me olvide; entonces me doy cuenta de que el cuaderno está lleno de fotos antiguas cuyas imágenes se mueven solas. Entre las imágenes de las fotos hay unas mujeres bailando cancán y un dragón llamado Williams que usa un sombrero negro y es hijo de Abraham Lincoln. De pronto estoy en casa; Doris me dice que un herrero va a arreglar la puerta de arriba, que no toque nada. Subo y descubro que la puerta está zafada de las bisagras y que impide pasar hacia el cuarto de servicio donde Lolita, nuestra perra, está encerrada. Después de batallar un rato, logro quitar la puerta y voy por Lolita, quien me recibe ladrando y moviendo la cola… Despierto.   

17 DE FEBRERO DE 2019