miércoles, 23 de agosto de 2017

23 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: en una pared, sobre la cabecera de una cama, hay varias fotografías y cuadros colgados. Estoy con mucha gente desconocida viendo los cuadros. De pronto descubro que uno de los cuadros cambia cada vez que lo veo; eso me aterra. Les digo a los otros que vean el cuadro: aparecen escenas de un concierto de rock, caras italianas, corazoncitos y animales; en eso estamos cuando de una esquina de la pared surge un vaquero que destruye el cuadro con las manos. Luego voy caminando con Doris por una calle desierta de la colonia Doctores; es muy noche y hace frío. Aparece Libia Brenda y nos dice que podemos quedarnos en su casa a dormir porque a esa hora la zona es bastante peligrosa. La casa de Libia Brenda es muy extraña; la mitad inferior de las paredes es de cristal y sus muebles son como del futuro. Estamos sentados en el comedor tomando café: en la mesa hay muchos libros y cuadernos pues Libia está trabajando en una traducción. En la pared está la imagen de una niña pequeña y completamente rapada; se trata del cartel de la película Stranger Things que acaban de estrenar. Veo a la niña rapada en el baño lavándose los dientes. Luego todo cambia: Doris y yo nos encontramos en la calle sateluca donde viví de niño; está amaneciendo y reina el silencio. Volteo hacia la casa: veo como las plantas de las macetas han crecido de manera salvaje, envolviendo barandales y muros. Miro de cerca el tronco de una bugambilia: tiene una piel con dibujos muy complejos como de tapete persa. Doris me pasa unas botellas de Sidral Light: hay que aventarlas hacia arriba y esperar a que caigan y exploten. Sale la señora Tere, la vecina de enfrente; en el sueño es muy joven y se parece a la Señorita Cometa. Felices, la señora Tere y Doris comienzan a aventar los Sidral Light al cielo; yo me acuesto en el suelo para ver cómo caen… Despierto. Segundo sueño: varios desconocidos y yo estamos en una especie de tren donde cada vagón es un feudo. Tenemos que llegar al último vagón donde está el Infierno; en mi mente, veo escenas anticipadas de ese último vagón: una sala tapizada de terciopelo rojo donde hay maniquíes de ambos sexos vestidos de cuero y plumas, fumando. Vamos pasando de vagón en vagón, en cada uno hay personajes diversos disfrazados. Llegamos a un vagón ovalado donde la entrada es muy estrecha, del otro lado están formados varios buzos; también hay mujeres scouts haciendo la cena. En eso aparece Doris, me dice que me espera en la casa. Paso al vagón del Cielo: se trata de una librería enorme, redonda y llena de luz, parecida a un platillo volador. Antes de entrar, una maquinita me saca una foto mientras se escuchan rezos. La foto se convierte en media máscara que tengo que ponerme y que me hace ver luminoso y santo, aunque también algo deforme, como si fuera un personaje de los Simpsons. Empiezo a revisar los libros que están colocados en los estantes: son las nuevas e inmaculadas novelas de ciencia ficción editadas por la editorial Nova; escojo algunas de autores desconocidos. Detrás del último estante se abre un abismo luminoso: en una saliente está un joven cajero con su máquina registradora exigiendo que paguemos los libros. De un pasillo sale mi amigo Manolo, quien es empleado de la librería, y le dice al cajero que mis libros son cortesía de la casa. Llega un ángel y nos dice que nos pongamos junto al cajero para sacarnos una foto: al hacerlo, caemos en el vacío… Despierto.

1 comentario:

  1. <3 <3 <3 Ustedes son bienvenidos en mi casa cuando quieran. Su casa para mí fue muchas veces refugio y casa también. Esa idea de las paredes de cristal a la mitad y con muebles futuristas es muy hermosa, también la idea de que yo pueda ser tanto una traductora, como relacionarme con Eleven es bella. Lo mejor, sin embargo, es poder sentarme a la mesa con ustedes y que bebamos café. Gracias por mantenerme en tu memoria. Les mando a ti y a Doris amor y abrazos :)

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17 DE FEBRERO DE 2019