miércoles, 2 de agosto de 2017

2 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: estoy en Echegaray: hasta donde alcanzo a ver, la colonia está inundada y los vecinos han construido puentes para pasar de una casa a otra. Le llamo por teléfono a Juan Bobadilla y le pregunto si está bien; él me contesta que ya se fueron los buenos tiempos. Luego entro a la habitación donde dormía de niño: un maestro de ceremonias está cubriendo los muebles con sábanas blancas. Una tarántula pasa corriendo hacia una de las esquinas que está tapada con las sábanas; cuando quito la sábana, la tarántula ya no está y me da mucho miedo. Busco al maestro de ceremonias para avisarle, pero está afuera, en una cocina, ayudándoles a Doris y a mi mamá a preparar el desayuno. Luego todo cambia: estoy en una cápsula de tiempo que es como un ataúd transparente: el tiempo que permanezca ahí estaré vivo, sin importar si son siglos. Cuando deseo algo (un libro, un cuaderno, una lata de jugo), aparece automáticamente en mi mano… Despierto. Segundo sueño: estoy en una sala grande y oscura, llena de muebles chuecos; me acompañan varias mujeres feministas que no reconozco. Estamos viendo un documental en una pantalla: aparecen escenas de dos hombres de los 70s hablando, un ratón de trapo que con una varita de mago va presentando las diferentes secciones del programa; no entiendo nada, pero temo preguntar. Sé que las feministas son muy pesadas y que debo ser muy cuidadoso con lo que digo para no ofenderlas: como está oscuro, pregunto si no quieren que prenda la luz; una de ellas me dice que sí. Intento encender la pequeña lamparita que descansa sobre un buró, pero el foco está fundido; luego comienzo a trepar lentamente por una montaña de ropa, tratando de pasar desapercibido. En la cima de la montaña, junto al techo, están Ese Tony y Lili Gómez, muertos de risa: sin hablar, me hacen saber que en la bolsa de mi chamarra hay una linterna de pilas. De pronto aparece en la sala Arturo Duarte, alias don Corleone: está enfurecido y empieza a patear sillas a diestra y siniestra, hasta que una feminista grande, rapada y algo monstruosa lo saca de ahí de un empujón… Despierto. Tercer sueño: estoy en las afueras de una cabaña de troncos; hasta donde llega la vista hay un impresionante paisaje montañoso como de cuento de hadas. Hacia abajo se ve un río y unas praderas donde hay gente desperdigada. Entro a la cabaña: se trata de la Librería Icaria, pero que ahora está asociada al Film Club Café. Itzia me dice que los Tolkiendili acaban de programar ahí un evento sobre Tolkien, que según ellos van a llegar 50,000 personas y que no saben dónde van a acomodarlas; le contesto que están exagerando. Entonces me pregunta si no tengo algún curso para el evento: le digo que podemos organizar una lectura guiada de El Señor de los Anillos. Salgo a una especie de merendero que está entre los árboles: las mesitas de madera son redondas y muy pequeñas. Hay personas comiendo sándwiches, otros abren paraguas pues no tarda la lluvia. Llega Beto Baeza, uno de mis amigos de la universidad, y me dice que me andaba buscando para darme algo; saca un sobre pequeño y me lo entrega. Al abrirlo veo que es hierba de hobbits: le digo a Beto que tiene mil años que no fumo. Luego hablamos acerca de Luis, otro amigo de la universidad; Beto me dice que no sabe nada de él, que ni siquiera sus hermanas lo han visto. Bajo hacia el río: unos muchachos rubios están organizando un partido de futbol americano. De pronto puedo estar en dos partes al mismo tiempo: en medio del partido de fut y en la mesita redonda, donde tengo que escribir los objetivos de la lectura guiada para entregárselos a Itzia. Entonces llega una señora y se sienta en la mesita, pensando que es una silla; yo me levanto y camino por los alrededores de la cabaña. Veo que en un tronco está mi perrita Marnie, durmiendo; se me hace muy raro verla ahí. Luego estoy en un cuarto oscuro, la parte secreta de la cabaña: hay puertas, sillones de ramas con hojas y goteantes tuberías orgánicas repletas de hongos. Hace frío. En ese momento me doy cuenta de que estoy soñando: al tratar de tocar uno de los hongos, me despierto.

1 comentario:

  1. Que honor que aparezca Icaria en tus sueños.
    Gracias por el relato onírico.

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17 DE FEBRERO DE 2019