Primer sueño: estoy acostado bocarriba en el piso de un
salón vacío. Impulsándome con los pies empiezo a recorrer todo el lugar: el
suelo está muy limpio y en el techo hay dibujos arcaicos casi imperceptibles. Oculta detrás de la
puerta, una mujer pájaro me observa. Luego el escenario cambia: ahora me
encuentro en la casa de Gina y Alberto que es una torre. Me encerraron en la
parte de arriba, en una habitación que tiene ventanas de cristal en las cuatro
paredes. Afuera se ven muchísimos edificios; en un balcón hay unas señoras
cuchicheando y señalándome. Abro el cajón de una cómoda que está lleno de
tarots: veo que son muy hermosos, aunque algo terroríficos. Saco un mazo y me
dispongo a extenderlo: para que no me vean las señoras del balcón, cierro las
persianas que dan a ese lado de la calle. Entonces entro a una especie de juego
de piratas: una estructura grande de cristal y aluminio con compartimientos, en
cada uno de ellos cabe la estatua de un pirata del tamaño de una persona. No
puedo ver quién es el contrincante, pero cada vez que éste mueve uno de sus
piratas, puedo colocarme en el compartimiento que quedó vacío. Ignoro si voy ganando o perdiendo; afuera se ve un
barco pirata disparando sus cañones… Despierto. Segundo sueño: nuestra amiga
Chulis va a celebrar su cumpleaños y quiere hacer una fiesta temática; el tema
elegido es Pink Floyd. Yo estoy en la sala de su casa, viendo en la tele un documental
sobre Pink Floyd: empiezan a cantar "Free Four". Le pregunto a Chulis si le
gusta esa rola y me dice que nunca la había escuchado; pienso que entonces no
es tan fan de la banda y se me hace raro que haya escogido ese tema para su
fiesta. Llega Doris y le da a Chulis un caset de George Harrison, luego me dice
que los perritos no tienen comida. Salgo a la calle a comprar la comida, pero
como es muy noche, sólo encuentro un macabro minisúper que está a punto de
cerrar. Adentro hay personas formadas en la única caja y en el aparador un
gordo monstruoso corta rebanadas de jamón con una máquina. Paso a uno de los pasillos: está muy oscuro y no logro ver el sabor de los sobrecitos de alimento, así
que tomo dos al azar. Cuando llego a la caja, descubro que en mi monedero,
además de monedas, traigo piedritas y papeles arrugados. La cajera me dice que
son $30 de los dos sobrecitos, y veo que le están subiéndole $5 a cada uno pero
decido no protestar. Cuando estoy a punto de pagar, una mujer empieza a gritar: "¡salita! ¡salita mineral!", mientras señala el sillón blanco e inmaculado que está en la entrada de la tienda…
Despierto. Tercer sueño: estamos Doris y yo en la grabación del episodio de una
serie. El lugar es una especie de hangar enorme lleno de compartimientos donde hace muchísimo frío. En un rincón hay un camerino improvisado, repleto de ropa
corriente; en otro extremo está el equipo de grabación, ajustando cámaras y
reflectores. Por todas partes hay actores y técnicos, preparándose. Ya nos tenemos que ir, pero nos preocupa que las actrices, nuestras
amigas Magdalena e Ingrid, salgan muy noche y no encuentren como llegar a
nuestra casa. Doris me dice que nos esperemos, que ya terminaron y nada más falta que les
quiten el maquillaje. Entro a una casa de campaña: se trata de un cubo inflable
de plástico que respira. Noto que en una de las esquinas del cubo hay una
grieta mal cosida por donde se escapa el aire y eso me saca mucho de onda. Salgo a dar la
alarma: en el camerino, Magdalena e Ingrid están guardando sus cosas en una mochila. Del
otro lado hay unas gradas donde el actor Aldo Grajeda les narra a un grupo de personas sus
viajes por el mundo; al final exclama que está muy orgulloso de ser americano…
Despierto.
jueves, 10 de agosto de 2017
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