Primer sueño: estoy en una casa extraña: subo a la azotea y
descubro que es la casa donde viví de niño. En el borde hay un tinaco
monstruoso; junto a él un artefacto triangular que supuestamente es la bomba de
agua. Bomba y tinaco dan la sensación de estar vivos. De pronto, de un tubo de
la bomba surge un enorme chorro de agua que llega casi hasta el cielo: empieza
a llover y todo se llena de charcos; miro mis pies y veo que mis huaraches se
están despintando. Bajo de prisa por una escalera de mano: ahora estoy en el gabinete
de una cafetería antigua. Llega mi amigo Óscar Luviano; una mesera nos sirve
dos tazas de chocolate caliente. Le digo a Luviano que hay dos clases de
sueños: por un lado están los sueños planos que son muy lentos y un poco
aburridos, pero que sirven para profundizar en emociones diversas; por otro
lado están los sueños maraña, que son frenéticos y cargados de símbolos, aunque
muy confusos. Luego vemos que en la pared del gabinete, a
una altura como de tres metros, cuelga un
letrero ovalado con una sola palabra, la cual no recuerdo pero que en el sueño
tenía un significado contundente y revelador. Salimos de ahí; Luviano me lleva a
unas escaleras que bajan: en los descansos hay puertas cerradas y en las
paredes mosaicos con los nombres de personajes ilustres. Entonces me doy cuenta de
que la cafetería donde estamos fue antiguamente una escuela colonial, y que varios héroes
olvidados estudiaron ahí. Luego todo
cambia: Doris y yo recorremos un paisaje lleno de islotes y bahías; hasta donde
alcanzamos a ver, se divisa una tierra inundada en partes y un cielo gris que
da una sensación de tiempo detenido. El lugar es extraño y fascinante; como la imagen que tengo en la mente de Terramar, el planeta inventado por Ursula K. Le Guin. El suelo de esta tierra es un musgo verde,
muy sedoso y esparcido de manera regular como si fuera artificial. Conforme avanzamos, vemos montículos donde hay familias pescando o comiendo
alrededor de manteles blancos. Llegamos a una zigzagueante vereda que sube: del lado
izquierdo hay una pared altísima llena de plantas; del lado derecho un
precipicio que da al agua. Me adelanto y llego a una parte muy estrecha,
obstruida por una mujer que lee un libro y un señor bigotón que duerme; como no
puedo pasar por ahí, decido saltar al agua, pero no veo si Doris me sigue.
Luego estamos en otra parte de esa misma tierra, pero ahora en una especie de
playa: con nosotros va un grupo de adultos y varios niños pequeños. Tenemos que
cruzar al otro lado, pero el agua se ve muy turbia y no sabemos si hay alimañas
que puedan hacernos daño. Un señor de lentes carga a un bebé; se supone que ese señor es el líder y que va
a guiarnos por las partes donde el agua está más baja. Lo seguimos; en el agua hay flotando dados de juguete, ruedas y
otros objetos. Llegamos a una parte estrecha: del otro lado se ve una
ventana que sobresale del agua; nuestro objetivo es llegar ahí. El señor de
lentes se adelanta; cuando entra por la
ventana empieza a bañar a su bebé en una tina y nos dice que ahorita que
termine va por nosotros en una lancha. Impaciente, decido brincar por el agua,
a riesgo de que me pase algo: en dos saltos llego a la ventana, pero cuando
entro, el señor de lentes y el bebé ya no están. Empiezo a sentir mucho frío, pues quedé
empapado: el interior del lugar es ahora el departamento de Donceles donde vivió
mucho tiempo mi amigo Timo en los 90s. Busco una toalla para secarme y descubro que todo está lleno de cachivaches y que un montón de libros se arruinaron con el agua... Despierto. Segundo sueño: voy caminando por las calles de una ciudad sitiada y vacía; parece
que es la colonia Roma, pero diferente. Está amaneciendo; a lo lejos se escucha que estallan bombas y que pasan aviones. Me encuentro frente a la cantina "La
Villa de Sarria" que está en la esquina de Campeche y Monterrey: unos barrotes impiden el paso, pero logro ver que en el
interior hay varios soldados registrándolo todo. Me retiro en silencio,
temeroso de que me descubran. Caminando entre sombras llego a mi recámara: se trata de una bodeguita
paupérrima, con huacales en vez de muebles, un catre desvencijado y manchas
negras en la pared. Cruzo un pasillo y ahora estoy en el patio de una vecindad:
frente a mí hay una cerrajería de ladrillos rojos que parece estar cerrada
desde hace años; sus dueños son dos hermanos que murieron en la guerra. Despierto
y empiezo a anotar mi sueño para que no se me olvide; entonces me doy cuenta de
que el cuaderno está lleno de fotos antiguas cuyas imágenes se mueven solas. Entre
las imágenes de las fotos hay unas mujeres bailando cancán y un dragón llamado
Williams que usa un sombrero negro y es hijo de Abraham Lincoln. De pronto estoy en casa; Doris me dice que un
herrero va a arreglar la puerta de arriba, que no toque nada. Subo y descubro
que la puerta está zafada de las bisagras y que impide pasar hacia el cuarto de
servicio donde Lolita, nuestra perra, está encerrada. Después de batallar un
rato, logro quitar la puerta y voy por Lolita, quien me recibe ladrando y
moviendo la cola… Despierto.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
Doris y yo vivimos en un departamento pequeño, no tenemos perros y somos otras personas. Después de comer le aviso que voy a dar una vuelt...
-
4:30 am: sueño una película basada en Philip K. Dick: Dick recorre las calles acompañado de Popeye, su mejor amigo: los 50s, California: Al...
-
Primer sueño: voy con Jacovich Gma subiendo por una escalerita de caracol repleta de japoneses, él me va platicando sobre unos excelent...
No hay comentarios:
Publicar un comentario