Primer sueño: voy con Doris en el coche, ella maneja. Es muy
noche, cruzamos calles vacías y algo lluviosas; a mí se me antoja un tepache. Pasamos
por las cocinas de un mercado: todas
están cerradas a excepción de una, donde varias señoras recogen las mesas y
lavan los trastes. Doris se estaciona a un lado del camellón: yo me bajo del coche
y les pido a las señoras del agua jamaica que tienen en un vitrolero. Regreso
con Doris, a quien le duele la garganta; le digo que tome un poco de agua y que
con eso se le quita. Luego estamos comiendo "tamal de cubeta": las cubetas son
enormes y hay que comérselo con cucharas largas de madera. Mi tamal tiene mucha
cebolla y pienso que Doris no me va a querer besar. Luego estoy escondido en
una bodeguita secreta que se encuentra en la parte trasera de un establecimiento
de envíos postales: espío a los empleados, pues necesito sacar un documento de
la caja fuerte. Los empleados entran y salen por una puerta que da al corredor; también pasan dos enfermeras que llevan varios
archiveros en una camilla. Cuando por fin todos se van, veo que la caja fuerte
está abierta, pero sus puertas son como de cantina y no dejan de moverse: temo
que si meto la mano para sacar el documento, pueda lastimarme. Luego el sueño
cambia y me encuentro en la sala de espera de un consultorio: se trata de un
patiecito cubierto; por la ventana se ve un paisaje rural. Junto a mí hay otras
personas sentadas esperando; aunque no la veo, sé que mi mamá está en el
consultorio y que va a darles terapia a todos. Las sillas donde estamos
sentados son de maderitas de colores, igual a unas que tuvimos mi hermana Vero y
yo cuando éramos niños. Se abre una puerta y entran dos chistosísimas mujeres flacas
con cara de pajarraco; aunque son idénticas, sé que son madre e hija. Se
sientan junto a mí y una de ellas me pregunta que si yo soy el famoso
tarotista. Le contesto que no soy famoso pero que sí hago lecturas de tarot;
ella me dice que un importante gurú me recomendó y que quiere hacer una cita.
Entonces se vuelve a abrir la puerta y entra un señor gordo y pelón vestido de blanco; se supone
que es el hermano gemelo de la mujer… Despierto. Segundo sueño: estoy en la
azotea de la casa, frente a mí hay un puente colgante que da a una casucha
hecha de materiales diversos y que flota en el aire. Sé que si cruzo ese puente
me será muy difícil regresar, pero al mismo tiempo me da curiosidad entrar a la
casucha, pues ahí viven unos salvajes que nadie ha visto. Luego estoy en la
recepción del Hotel Jardín Amazonas, donde trabajé varios años a finales de los
80s; junto a mí están Toni Rodríguez y Eduardo Parra, pero son casi
adolescentes. Entro a la oficina del dueño del hotel, quien aún no ha llegado:
le dejo en el escritorio dos ejemplares de la revista La Mandrágora. Hay mucho
polvo; desde la puerta de la oficina se ve un pasillo largo y neblinoso. Cuando
regreso a la recepción, descubro que Eduardo se apoderó de las revistas y que con
su pluma está tachando nombres en la página editorial; le digo que hay que
volver a ponerlas en el escritorio. Aparece una enorme mujer monstruo, mide
como tres metros y tiene puesto un vestido negro muy elegante: nos dice que
ella puede llevar las revistas al escritorio, pero que le echemos aguas por si
viene el dueño; en la calle se estaciona un taxi… Despierto.
martes, 29 de agosto de 2017
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