martes, 29 de agosto de 2017

29 DE AGOSTO DE 2017

Primer sueño: voy con Doris en el coche, ella maneja. Es muy noche, cruzamos calles vacías y algo lluviosas; a mí se me antoja un tepache. Pasamos por las cocinas de un mercado: todas están cerradas a excepción de una, donde varias señoras recogen las mesas y lavan los trastes. Doris se estaciona a un lado del camellón: yo me bajo del coche y les pido a las señoras del agua jamaica que tienen en un vitrolero. Regreso con Doris, a quien le duele la garganta; le digo que tome un poco de agua y que con eso se le quita. Luego estamos comiendo "tamal de cubeta": las cubetas son enormes y hay que comérselo con cucharas largas de madera. Mi tamal tiene mucha cebolla y pienso que Doris no me va a querer besar. Luego estoy escondido en una bodeguita secreta que se encuentra en la parte trasera de un establecimiento de envíos postales: espío a los empleados, pues necesito sacar un documento de la caja fuerte. Los empleados entran y salen por una puerta que da al corredor; también pasan dos enfermeras que llevan varios archiveros en una camilla. Cuando por fin todos se van, veo que la caja fuerte está abierta, pero sus puertas son como de cantina y no dejan de moverse: temo que si meto la mano para sacar el documento, pueda lastimarme. Luego el sueño cambia y me encuentro en la sala de espera de un consultorio: se trata de un patiecito cubierto; por la ventana se ve un paisaje rural. Junto a mí hay otras personas sentadas esperando; aunque no la veo, sé que mi mamá está en el consultorio y que va a darles terapia a todos. Las sillas donde estamos sentados son de maderitas de colores, igual a unas que tuvimos mi hermana Vero y yo cuando éramos niños. Se abre una puerta y entran dos chistosísimas mujeres flacas con cara de pajarraco; aunque son idénticas, sé que son madre e hija. Se sientan junto a mí y una de ellas me pregunta que si yo soy el famoso tarotista. Le contesto que no soy famoso pero que sí hago lecturas de tarot; ella me dice que un importante gurú me recomendó y que quiere hacer una cita. Entonces se vuelve a abrir la puerta y entra un señor gordo y pelón vestido de blanco; se supone que es el hermano gemelo de la mujer… Despierto. Segundo sueño: estoy en la azotea de la casa, frente a mí hay un puente colgante que da a una casucha hecha de materiales diversos y que flota en el aire. Sé que si cruzo ese puente me será muy difícil regresar, pero al mismo tiempo me da curiosidad entrar a la casucha, pues ahí viven unos salvajes que nadie ha visto. Luego estoy en la recepción del Hotel Jardín Amazonas, donde trabajé varios años a finales de los 80s; junto a mí están Toni Rodríguez y Eduardo Parra, pero son casi adolescentes. Entro a la oficina del dueño del hotel, quien aún no ha llegado: le dejo en el escritorio dos ejemplares de la revista La Mandrágora. Hay mucho polvo; desde la puerta de la oficina se ve un pasillo largo y neblinoso. Cuando regreso a la recepción, descubro que Eduardo se apoderó de las revistas y que con su pluma está tachando nombres en la página editorial; le digo que hay que volver a ponerlas en el escritorio. Aparece una enorme mujer monstruo, mide como tres metros y tiene puesto un vestido negro muy elegante: nos dice que ella puede llevar las revistas al escritorio, pero que le echemos aguas por si viene el dueño; en la calle se estaciona un taxi… Despierto. 

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