Primer sueño: tengo que compartir una habitación de hotel
con alguien que no conozco; nos asignan una suite enorme con muchas camas.
Estoy en uno de los sillones de la salita de la suite, leyendo; llega mi
compañero: es alguien muy parecido a mí pero se ve borroso. En la suite de
junto se oyen los cuchicheos de unos niños y una señora que los calla. Le digo
a mi compañero que si quiere puedo llevarle su equipaje a la mejor habitación
de la suite, luego camino por un pasillo de cristal desde donde se ven jardines
y fuentes iluminados por luces de neón. Llego al final de un montecito donde
hay una cúpula: en el interior se ve una cama enorme con maletas abiertas
encima; también hay zapatos de hombre y de mujer tirados en una alfombra.
Regreso por el pasillo: a mi alrededor hay explosiones de agua. Entonces veo
que se acerca Jorge Llaguno acompañado de varias personas que lo escuchan con
atención: aunque no lo escucho, sé que les está explicando algunas teorías
sobre la verdadera naturaleza del universo. Luego todo cambia: estoy en la
iglesia de Boulevares donde hice mi primera comunión: voy a rezar por mí y por
Doris. Cuando entro, descubro que se trata de la recepción de un hotel antiguo.
Hay una sección donde venden revistas: empiezo a hojearlas y aparece una bruja
chiquita; me dice que esas revistas son malísimas. El hombre de la
recepción me mira feo, así que decido comprar La Jornada: en el encabezado hay
unas imágenes del disco Lizard de King Crimson; no sé si se trata de un anuncio
o qué, pero me parece rarísimo. En una parte del hotel están Gina y Alberto
platicando con unos psicoanalistas yuppies: me les acerco y les enseño el
periódico, aunque sé que la única que tal vez conozca el disco sea Gina. Uno de
los psicoanalistas yuppies me arrebata el periódico y me dice que quiere tener
ese disco a como dé lugar; luego empieza a caminar a grandes zancadas hacia la
zona de tiendas. Lo sigo; en el camino él me cuenta que es muy fan de Mr. King.
Lo corrijo, diciéndole que se refiere a Mr. Bungle; él dice que no: Mr. King,
un rapero. Sé que si compra el Lizard no le va a gustar, pero ya estamos en la
tienda de discos y él está hablando con una de las empleadas. Miro la tienda:
es curva como el interior de un platillo volador; en los altísimos estantes hay
Lps de jazz con portadas exóticas, pero también cajas de cereales y juguetes.
Aparece Doris y dice que nos acaban de pagar, que compremos unos discos de
Editorial Atalanta... Despierto. Segundo sueño: estoy en la casa donde viví de
niño; mi mamá me informa que acaba de comprar un tocadiscos nuevo: es blanco,
muy pequeño y lo acomodó en una repisa de su recámara. Le digo que hay que
ponerlo en la sala para que podamos usarlo todos; al bajar las escaleras veo
que hay un fonógrafo descompuesto tirado en el piso. Luego todo cambia y estoy
con Doris en la Comer donde tenemos que comprar pescado para los invitados de
la cena. Vamos formados en una fila muy larga; sin querer tiro un chocolatito y
un muchacho con uniforme de secundaria y su novia empiezan a regañarme. Les
digo que se callen y en ese momento descubro que el suelo está lleno de
mazapanes, pulparindos y otros dulces pisoteados. Doris ya no está; voy a
buscarla y me la encuentro sentada junto a la puerta de una bodega acariciando
a un pequeño pingüino: me dice que está moribundo y que hay que tratar de
salvarlo. El pingüino es blanco y hace
gestos ridículos. Voy a la sección de pescados y mariscos a preguntar quién
puede ayudarnos: detrás del alto mostrador hay varios empleados, hombres y
mujeres, vestidos de blanco. El empleado líder habla, pero como tiene la boca
toda chimuela no entiendo nada de lo que dice. Regreso con Doris, me explica
que un hombre ya se llevó al pingüino para curarlo en su casa. Entonces aparece
la imagen del hombre: es un pandillero, usa chaleco, sombrero negro y está
montado en una motocicleta; frente a él se ve una autopista recta que cruza el
desierto de Australia. El hombre arranca su moto: a ambos lados se ven dos
camionetas grandes llenas de chicas en bikini que, emocionadas, le mandan
besos. Para lucirse con las chicas, el motociclista se detiene, saca una
pistola, arroja un pentáculo de metal al suelo y empieza a dispararle. Entonces
el sueño regresa a la Comer: Doris me dice que arrestaron al motociclista y que
tengo que ir a su guarida a rescatar al pingüino. Busco la guarida en el mapa:
es en Boulevares, la colonia donde viví de niño. Luego estoy en nuestra casa
actual: sé que Diana (la veterinaria de nuestros perritos) va a curar al
pingüino, pero como no ha llegado tengo que guardarlo mientras en el
refrigerador, a riesgo de que se coma las granadas y el relleno de los chiles
en nogada que hizo Doris… Despierto.
lunes, 18 de septiembre de 2017
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