Estoy en una librería muy antigua: hasta donde alcanza la vista hay estantes de libros viejos y muy maltratados. Me detengo frente a un
librerito para buscar la última novela de Paul Auster: todos los volúmenes que están
ahí se ven destartalados, grises y llenos de mugre. Saco un pequeño cuaderno; se trata
de la primera y rara edición de un libro de cuentos de Ignacio Betancourt: veo
que tiene algunos dibujos de flores, árboles y casitas, más unos poemas dedicados a una
señora. Pienso que puede ser valioso, pero le faltan más de noventa páginas así
que vuelvo a ponerlo en su sitio. Reviso otros libros: hay uno que
narra la vida secreta de Jesús en China y Japón; cuando lo abro veo que está
lleno de hongos. Me agacho y encuentro un libro grande y nuevo que tiene una cubierta
plástica totalmente negra: al quitarla, descubro que se trata de una biografía
del Che Guevara. Abro el libro y empieza a sonar una marcha militar: en la
cuarta de forros hay una nota escrita por mi amigo Luis Barrera, especialista en el tema. Luego estoy
con Doris en un aeropuerto, llevamos un rato esperando a que salga nuestro vuelo. Hace frío y vamos muy abrigados con orejeras, bufandas y gorros de estambre; a lo lejos, junto a una de las puertas de entrada, está Mave
Gaya comiéndose una dona. Nos acercamos a un local: desde los cristales vemos
que se trata de la oficina de Vicente Leñero, quien está sentado en su escritorio
revisando unos papeles con su secretaria. Nos sentamos en el suelo, tratando de
que nuestras cabezas queden por debajo del cristal para que Leñero no nos
regañe. De pronto, la madera del barandalito que está situado justo donde termina la ventana, se hace elástica y
empieza a reducirse hasta reventar haciendo mucho ruido. Nos vamos presurosos
de ahí. Yo estoy preocupado porque no sabemos dónde está el equipaje y necesito
usar mi lap. Entonces pienso que no sería difícil robarme la lap de otro pasajero:
que puedo votar la clave con el software que hizo Edgar Ríos y que tengo guardada en mi
usb. Aparece Rod Serling y, ceremoniosamente, nos indica que ya podemos
abordar (anoche estuvimos viendo episodios de The Twilight Zone). Recorremos un
pasillo largo hasta llegar al avión: es un cubo muy grande donde todos los
pasajeros van acostados en cobijas y petates. Unas señoras nos indican que en
el fondo hay lugar para nosotros; en una ventanilla está Gilberto Soriano pero
no nos ve. Empieza a retumbar el sonido de las hélices. Luego todo cambia:
estoy viendo una animación en mi lap: cada determinado tiempo oprimo "alt-ctrl
impr pant", para guardar los fotogramas. Al final descubro una serie de imágenes
muy extrañas: plumas de pavorreal, explosiones multicolores de luz, paisajes extraterrestres.
La que más me impresiona es la escena de
un hombre cayendo: se ven las suelas de
sus zapatos en primer plano, y al fondo un lavabo y un excusado… Despierto.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
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