Primer sueño: estoy en el local
de un enorme mercado, mirando como unas señoras hacen nixtamal; alrededor pasa
mucha gente ruidosa. Salgo y me tropiezo, un hombre gordo que vende agua de
jamaica en un vitrolero se me queda mirando. Luego voy por el mismo mercado,
pero en el segundo piso: estoy buscando a Doris, Ingrid y Magdalena, quienes
supuestamente llevan al brujo Juan
Baltazar a que lo cure otro brujo. Recorro pasillos, salones de belleza y
tiendas de abarrotes: siempre escucho las voces de Juan y Doris, pero cuando
llego al lugar de donde provienen, acaban de irse a otra parte. Por fin llego al local del otro brujo: hay una sala de recepción con
sillones y revistas antiguas; en una mesita duerme un gato blanco. Aparte de
mí, no hay nadie ahí, y aunque sé que del otro lado de la pared están Doris,
Juan y las chicas, no veo ninguna puerta que pueda yo cruzar. De pronto oigo la
voz del otro brujo diciéndole a Juan palabras incomprensibles; él le contesta:
“¡necesito músculos!”. Salgo a un balcón lleno de plantas: abajo, en la calle,
se ven dos camiones de carga de donde algunos hombres bajan rejas de frutas y
pescados. Llego a una puerta de metal y la abro de un empujón; entonces caigo a
un sótano donde están las creaciones del otro brujo: se trata de seres largos
como velas, pájaros, algunas gárgolas, un Frankenstein… todos caminan despacio y con la
mirada perdida, tropezándose y chocando con los muebles. Del otro lado del
sótano hay una ventanita, me asomo y veo a Magdalena: está saliendo de una
vivienda muy pobre y usa un uniforme de secundaria. Acude a mi memoria una
escena donde Óscar Luviano llevaba a Magdalena niña de la mano al kínder. El
sueño cambia y ahora estoy con Doris en la mesa redonda de una tienda de
cómics; con nosotros están Mave Gaya, Itzeel Reyes y Enrique Layna; todos
comemos quesadillas. A un lado, en una mesa chiquita, Enrique Urbina y Hugo
Álvarez juegan con unas cartas de Dragon Ball… Despierto. Segundo sueño: estoy
en los pasillos de ENEP Acatlán; delante de mí muchos oficinistas marchan con
sus trajes y portafolios; todos usan lentes. Subo por un prado: en un cubículo
están maquillando a una edecán alta que va a convencer de no sé qué a los nuevos
estudiantes. Cuando la edecán sale del cubículo, veo que tiene la cara llena de
dedos que se mueven y que debajo de su minifalda se asoman unas repugnantes alas negras. Entonces me subo al portafolios samsonite azul que usaba en la secundaria y
me deslizo por los prados como si fuera surfeando; cruzo palmeras llenas de
cocos, el pasto se convierte en agua. De pronto me doy cuenta de que mi prima
Martha me va siguiendo en su propio portafolios: se ve feliz y eso me da
gusto. Empiezo a acelerar, a
mi paso veo como todo se difumina y voy volando hasta que doy un fuerte golpe
en el agua. Descubro que ahora voy en una balsa grande hecha de ruedas horizontales y que me
encuentro en medio del Parque Naucalli, que está totalmente inundado. Hasta
donde alcanzo a ver hay agua: sólo sobresalen jacarandas llenas de pájaros
dormidos; arriba el cielo está muy nublado. Pienso que mi papá me ha estado
esperando muchas veces para desayunar y que yo nunca llego… Despierto y trato
de anotar mi sueño, pero no puedo moverme; alrededor hay una luz muy extraña, como
si estuviera adentro de una canica verde. Alguien pone frente a mí un platillo
con pequeños manjares (anoche Doris y yo vimos The Dinner, la peli); veo que la
charola donde descansa el platillo está en el aire, como sostenida por manos invisibles. Luego estoy viendo una encuesta en Radio Fu Manchú:
se trata de "The Who" vs "Moto", una banda zeuhl japonesa buenísima, y que lleva mucha
ventaja (tal banda no existe en la realidad)… Despierto.
viernes, 1 de septiembre de 2017
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