Una casa de dos pisos muy extraña: está a punto de amanecer y yo acabo de despertarme. Doris aún duerme. Me asomo a la calle y junto a unos árboles hay un volkswagen estacionado: en el asiento trasero una mujer mira su tablet. Sé que está esperando pues tiene un cita conmigo para leerle el tarot pero se le hizo temprano; dudo en pasarla ya, o esperar a que dé la hora de la cita. Luego todo cambia y vamos en el camión grande y lleno de muebles que siempre sueño (ver 25 de junio); además de Doris y yo, recuerdo al Peter, a Jessica y Héctor, a mis tíos Lalo y Dyrna, a mi amigo Timo Sosa. También van muchos otros personajes que no conozco: señoras gordas, hombres cubanos de guayabera y sombrerito; están discutiendo acaloradamente, traen en las manos tupperwares vacíos. Parece que no hay comida para todos; pienso que es porque el camión está pasando por Venezuela. Por la ventana veo parajes extraños: cimas, pueblitos fantásticos y multicolores en las montañas lejanas. Luego el camión está en los alrededores de Puebla, nadie lo conduce: en la parte delantera hay una pantallota donde pasan noticias. Estamos perdidos y nadie se ha dado cuenta, hasta que Héctor dice que él va a manejar para que encontremos nuestro camino: se sienta tras un volante que aparece de pronto y empieza a acelerar, a meterse por veredas llenas de baches. Afuera hay tierra, tienditas rascuaches. De pronto se estaciona y los que sí nos conocemos, bajamos: estamos en un pueblo tropical lleno de palmeras y vegetación exuberante. Hay varias chozas frescas y hermosas; en una de ellas está Eda Sofía, barriendo la calle: es una mujer recién casada y feliz, usa turbante y en el sueño se llama Carmen. Junto a ella brincotea un gran elefante amarillo adornado con motivos orientales. Del camión también baja mi perrita Frida y se pone a jugar con el elefante. Eda/ Carmen nos invita a pasar a un porche donde hay una mesa muy larga. Nos sentamos alrededor y unos inditos nos sirven vasos de agua de jamaica. Timo platica con Eda/ Carmen: estudiaron juntos no sé qué artes espirituales y están recordando los buenos tiempos (creo que en la vida real Eda y Timo no se conocen). Eda/ Carmen nos dice que no tarda su marido, que nos quedemos a comer y luego nos muestra una foto de su boda: veo las escenas de la lujosísima boda que se está celebrando en un jardín enorme lleno de flores blancas. Debajo de la mesa hay un perro grande enseñando los dientes: no sé si sonríe o nos quiere morder. Después de un rato Héctor nos dice que regresemos al camión, pero varios cochecitos de carreras que pasan a gran velocidad frentre a nosotros, nos lo impiden. Luego estamos otra vez en el camión en marcha: por la ventana pasan flotando unas ballenas que extrañamente tienen que ver con el elefante de Eda/ Carmen. Voy a la parte trasera del camión, llevo en la mano un radio de los viejos y quiero escuchar el programa "La hora de Jethro Tull". Me siento, mirando hacia atrás. Junto a mí hay un joven vaquero de sombrero y botas; se supone que es mi hermano pero yo nunca lo había visto. Conecto el radio en un enchufe y el vaquero me quita el cable para conectar un televisor pues quiere ver el partido de fut que va a transmitir la NASA. Me enojo y boto al vaquero al otro asiento, amenazándolo con un puño frente a su cara: noto que está muy asustado pero no me dice nada. Llega Doris y me dice que no me esté peleando; entonces hago berrinche y me llevo el radio para buscar otro enchufe en la parte delantera del camión. En la pantallota del frente, Vicente Fox da un discurso. El camión se detiene: me bajo y estoy solo, en una calle inclinada. Una mujer de Polanco muy arreglada sube lentamente en sentido contrario con una canasta de huevos en las manos; cuando la veo de cerca, noto que está excesivamente maquillada. Yo sigo caminando con mi radio en las manos. En una de las casas se abre una ventana: en ella aparecen los U2 y empiezan a tocar y cantar una rola horrible y melodramática que se llama "Somos los arcanos del mundo", se supone que es su último éxito. Yo me alejo despavorido, bajando a brincos por la calle; me urge encontrar un enchufe para el radio: pienso que "La hora de Jethro Tull" está a punto de acabarse y no quiero perderme el final. Despierto y anoto.
miércoles, 28 de junio de 2017
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