viernes, 30 de junio de 2017

30 DE JUNIO DE 2017

Estoy en el interior de una mansión, me acompaña Adán Chávez. Damos vuelta alrededor de una mesa: yo estoy acomodando mapas y otras cosas, él me sigue y me cuenta las razones por las que tronó con su novia; cada vez que inicia una frase me dice: "oye Ric", lo cual me llama la atención. Salgo al exterior de la mansión que tiene una fachada de cristales; me dirijo al río que la rodea, y al acercarme veo que está lleno de moscos: del otro lado brincan ranitas y hay budas pequeños. La tierra del suelo se desmorona y me deslizo hasta la orilla del río; tengo miedo de manchar mis tenis blancos, nuevos. Desde ahí veo que el caudal del río va a dar a unas compuertas de metal negro: están cerradas y lo que está del otro lado es un misterio. Regreso a la casa, en la entrada Adán me espera, impaciente. En uno de los jardines está Hilda Betancourt (una amiga actriz que no veo desde los 80s), viste de manera exótica y baila una danza lunar pues quiere llamar la atención de Adán. Se me hace un poco absurda la tal danza lunar, pues son como las 11:00 de la mañana. Regresamos al interior, Adán sigue platicando conmigo, me dice que todo sucedió a raíz de que fue a ver a Edith Rosas, mi terapeuta; que ella le ayudó a resolver muchas cosas (en la vida real Adán y Edith no se conocen). Aquí hay una parte del sueño algo extraña: veo una "historia" enrollada dentro de una ranura: de la ranura sale una lengüetita y sé que si la jalo podré conocer la trama completa, que trata de cierta mujer que trabaja como estilista pero que en realidad es una espía y cuya casa está cerca de la CFE, en la calle de Río Ródano (mi papá trabajó ahí durante 30 años). Decido no jalar la lengüetita y regreso al sueño "normal". Adán sigue conmigo, cada vez que volteo a verlo tiene puesto en la cabeza algo distinto: un gorro de explorador victoriano, un turbante, un sombrerito cilíndrico y con borla estilo Fu Manchú, etc. Luego lo llevo frente a una columna de la mansión y le explico que por la noche habrá una lujosa cena en honor de las duquesas y que tiene que vestirse de etiqueta para no desentonar (en el sueño, las duquesas son mis primas Martha y Marcela Colunga: veo una escena donde ellas viajan a bordo de una limusina blanca, usan guantes largos, estolas y sombreros de velo). En la columna aparecen, en animación, unos jeroglíficos que Adán y yo miramos atentos: son figuritas de meseros y doncellas que explican detalladamente cómo se deben servir los platillos esa noche. Me dirijo a la cocina; es muy pequeña y en su interior varias mujeres preparan en silencio la cena: están molestas por mi intromisión pero no me dicen nada. Hay cacerolas borboteantes sobre una estufita, una mesa donde una de las mujeres corta cebollas, junto a la puerta hay un anaquel con frascos repletos de amatistas (ayer compré unos amuletos de amatista). Por otra puerta de la cocina entra Fernando Brambila, es el jefe de los carpinteros y viene a ver qué se ofrece. De pronto llega Doris y me da un libro que acaba de comprarme: se trata de una antología de cuentos ancestrales de terror. Hojeo el libro que es muy lujoso, pasta dura, ilustraciones tipo Alfred Kubin que muestran historias de brujas (ayer estuve repasando algunas minificciones de brujas en Penumbria, la página virtual). Doris dice solemnemente: "ojalá que le guste a usted este libro, incluye varias rondas infantiles". Entonces nos dirigimos ella y yo a la otra parte de la mansión... Despierto porque mi perrita Frida me da un caderazo y me quedo con ganas de saber que hay en "la otra parte de la mansión". Bajo a anotar todo. 

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