sábado, 1 de julio de 2017

1 DE JULIO DE 2017

Estoy en un supuesto cine que en el sueño es una sala de baile abandonada y vacía. En una de las entradas, dos hermanas me dicen que están muy temerosas pues alguien las ha estado amenazando; yo les digo que no se preocupen, que pasaré una de mis "películas mágicas". Ellas salen y yo me dirijo a una cabina: sacó un DVD, en la portada está el rostro de una mujer negra con ojos de dona y la boca abierta. Mientras preparo la proyección entra a la sala Javier, un desconocido joven y duro que en el sueño me persiguió hace muchos años en Tijuana, pues quería meterme al manicomio. Se supone que pertenece a alguna corporación policíaca secreta y de alto rango. Desde donde estoy él no puede verme y eso me da cierta ventaja. Me doy cuenta de que uno de sus ojos es postizo, así que pongo una película que trata sobre ese tema. Empieza la proyección: cuando ve algunas escenas, Javier se pone muy nervioso; mientras tanto yo sigo en la cabina, jugando con un cubilete que tiene ojos de diversos tamaños: los arrojo una y otra vez sobre la superficie de una barra como de bar. Javier me descubre; yo salgo brincoteando, empiezo a actuar como alienado y le pregunto su nombre. Él me dice que se llama "Cuatro". Salgo de ahí rápidamente y en mi cabeza veo como el tal Javier/Cuatro recorre las calles del pasado buscándome a gritos, llamando por un radio a sus colegas. Tiene miedo de mí. Entonces llego a una recámara pequeña y rústica donde Doris duerme. En esa parte del sueño ella es una princesa y yo uso una bata de baño blanca (en la vida real, no he usado bata de baño desde que era niño). Varias sirvientas tienen que entrar a hacer la limpieza, así que despierto a Doris y nos vamos de ahí. Ahora estamos en una habitación de hotel: desde el balcón se ven edificios redondos y algunas montañas; se supone que es Canadá. Salimos a la calle: es temprano y hay una hilera de coches que caminan a vuelta de rueda pero en orden, rítmicamente, como en la línea de montaje de una fábrica. Hay mucha gente: niños con globos, señoras, hombres de traje; todos se ven demasiado civilizados. Seguimos caminando; llegamos a donde hay un enorme camellón repleto de unas rarísimas y negras montañas en fragmentos, parecidas a las que dibuja Roger Dean. Miro hacia arriba: en la punta de una de las montañas hay un fragmento desprendido y suspendido en el aire que por lógica no debería estar ahí. Entonces descubro que el supuesto fragmento de la montaña es en realidad un platillo volador. Me da mucho miedo. Doris también lo ve, y nos sorprende que nadie más se de cuenta: todos están distraídos con una mujer semidesnuda que, subida en una caja de madera, va a arrojarles hielo: se trata de una extraña forma canadiense de hacer propaganda política. Doris y yo nos alejamos; le digo que entonces es cierto: los platillos voladores existen. Llegamos a otra parte de la ciudad donde hay unas casas de dos aguas encima de puentes: la calle es curva y no se ve el final. Subimos a los puentes y después de caminar un rato llegamos a unas escaleritas que bajan a una bodega. Doris se adelanta por las esclaeritas mientras yo le escribo un mensaje de cel a Mario González Suárez para contarle sobre el platillo volador; en el sueño sé que él es el único que va a creernos. Doris está en la bodega: es una sastrería donde trabaja su prima Margarita. Un viejito es el dueño y nos mira con recelo. Estamos esperando a que la prima salga de trabajar; Doris mira unos vestidos. Yo regreso a los puentes: a lo lejos se ven las montañas negras que entran al mar. También se ven barcos y helicópteros, aunque esa parte pertenece a Australia. Del mar sale otro platillo volador, pero de inmediato me doy cuenta de que es falso: se trata de una atracción turística patrocinada por Disney. Cae la noche y yo regreso a la bodega. Luego pasamos a un estacionamiento donde hay una camioneta pick up en marcha. Al volante, el viejito espera a que subamos Margarita, Doris y yo a la parte trasera donde esperan otras personas. Hace frío y yo no traigo chamarra, pero me consuela pensar que vamos a recorrer partes de la ciudad que no he visto... Despierto. 

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