Estoy en el balcón de un edificio
muy alto. Es de noche y miro el cielo: hay muchísimas estrellas, pero no veo la
luna. Entonces me doy cuenta de que el cielo estrellado es un gigantesco animal
cuadrúpedo que me mira, apacible. Se me revela algo que me deja azorado: si
miro sólo el cielo, es la consciencia; si miro al animal, es el inconsciente…
Luego todo cambia y estoy en el estudio de la casa donde vivía de niño. De
afuera llega un rumor tenue pero constante. Reviso mis viejos LPs: saco uno de
su funda y lo pongo en el tornamesa. Ignoro qué banda sea, pero tocan un hard
rock fuerte y melódico, bastante bueno. El rumor de afuera sigue presente, así
que le subo al volumen a todo lo que da, pero no logro acallarlo. Me asomo por
la ventana: en la casa de la izquierda vive un profesor famoso que en esos
momentos está sentado en su jardín, leyendo: es barbón y usa lentes. En la casa
de la derecha veo a una vecina joven que no conozco: es muy seria y está
agachada arreglando algo con unas pinzas. Tomo una piedra grande de uno de los
libreros y la arrojo por la ventana: la piedra rebota en la tierra seca de una
jardinera y le pega por fuera al cristal, pero no lo rompe. Frente de la casa
se estaciona un coche muy lujoso de donde baja una pareja de millonarios. La
esposa lleva entre sus brazos a un perrito blanco; aunque nunca lo había visto,
sé que es muy bravo y que acostumbra morder a todos. Los millonarios se alejan,
sin hacerme caso. Ahora estoy en la cocina de la señora Tere, la vecina de
enfrente; me asombra pensar que hacía más de cuarenta años que no entraba ahí
(lo cual es cierto). Llega una niña pequeña: está preocupada pues tiene que
hacer una tarea sobre cierto escritor del Siglo de Oro. Le digo que no se
apure, que yo puedo ayudarle. Revisamos algunos libros gruesos que están sobre
una mesa de la cocina; la niña anota cosas en un cuaderno donde hay pegadas
estampas de escritores antiguos y filósofos griegos. Al final, tomo a la niña
de la mano y empezamos a flotar en el aire: de pronto estamos en un gran salón
iluminado de techos altísimos. En los extremos del salón hay mesas redondas donde varios hombres y mujeres comen en silencio; hay globos blancos, adornos, una
fuente. Llegamos flotando al lugar donde reposa un cono blancuzco del tamaño de
una persona: se trata de un ser inorgánico. Cuando el ser descubre que la niña
y yo lo estamos viendo, empieza a emitir destellos de colores... Despierto.
viernes, 14 de julio de 2017
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