martes, 18 de julio de 2017

18 DE JULIO DE 2017

Veo a un hombretón grande y poderoso que va caminando por callejuelas como medievales, se trata de Gilgamesh. A su alrededor van varios paleros y él les da indicaciones enérgicas de lo que hay que hacer. Yo lo alcanzo y empiezo a discutir con él sobre un tema esotérico importante (no recuerdo cuál), pero se niega a aceptar mi punto de vista. Pienso que Gilgamesh es Aries. Seguimos recorriendo calles en desnivel: escaleras, puentes; a lo lejos hay torres. Pasamos frente a una iglesia: desde la entrada, la estatua de un esqueleto encapuchado me saluda; aparece Doris y me dice que eso es de buena suerte. Llegamos a unas rejas donde un policía no nos permite pasar: Gilgamesh enfurece. Luego estoy en una habitación azul, larga y oscura: en una sillita está sentada Elian Tuya custodiando la entrada, pero se ha quedado dormida. Cruzo la habitación y llego a un recinto amplio e iluminado: en el centro hay una ventana que da al vacío, presiento un enorme espacio hacia abajo pero hay una neblina blanca que me impide ver. Paso a unas oficinas: voy buscando a Gilgamesh. Recorro diferentes espacios llenos de escritorios y ventanas; en ellos hay secretarias y otros personajes diversos que me ignoran cuando paso. Llego a unas escaleras que bajan, pero no puedo acceder a ellas desde donde estoy. Alguien me dice que tengo que rodear por otro pasillo. Llego a un corredor; a ambos lados hay cristales donde se ven más oficinas, la mayoría están vacías. Al final hay una puerta cerrada y, del lado izquierdo, un tallercito donde varios seres siniestros y harapientos hacen funcionar unas máquinas. Se me quedan mirando con desprecio; son duendes, grandes enemigos de Gilgamesh y creen que soy su espía. Luego todo cambia: estoy en un pequeño teatro repleto de gente; en el escenario hay una mesa enmantelada donde Alina Toalavía y Ramón del Val se preparan para dar una conferencia. La multitud está atenta: hay edecanes, algunos fotógrafos y reporteros. Los conferencistas comienzan a hablar con mucha seriedad sobre no sé qué tema: entonces aparecen alrededor de la mesa un grupo de changos diminutos echando desmadre. Alina y Ramón, hacen como si no pasara nada y continúan hablando. Salgo rumbo al baño: en el camino me saludan algunas personas. El baño está iluminado y es muy lujoso: tiene muchos pasillos como si fuera un laberinto. Llego a una zona donde una mujer me dice que no puedo pasar, pues están filmando: en un extremo hay varios comandantes de la NASA de pie, hablándoles a un equipo de científicos sobre su reciente viaje a Marte. Del otro lado del baño hay unos lavabos con espejos grandes; junto a ellos una tarima de madera donde descansan diversos monolitos marcianos que los comandantes van a presentar oficialmente al mundo. Tomo una urna roja muy extraña y decido ponerla junto a los monolitos para que el mundo crea que es de origen marciano, pero entonces escucho la voz de mi mamá diciéndome que eso no se hace… Despierto. 

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17 DE FEBRERO DE 2019