Veo a un hombretón grande y poderoso
que va caminando por callejuelas como medievales, se trata de Gilgamesh. A su
alrededor van varios paleros y él les da indicaciones enérgicas de lo que hay
que hacer. Yo lo alcanzo y empiezo a discutir con él sobre un tema esotérico
importante (no recuerdo cuál), pero se niega a aceptar mi punto de vista. Pienso
que Gilgamesh es Aries. Seguimos recorriendo calles en desnivel: escaleras,
puentes; a lo lejos hay torres. Pasamos frente a una iglesia: desde la entrada, la estatua de un
esqueleto encapuchado me saluda; aparece Doris y me dice que eso es de buena
suerte. Llegamos a unas rejas donde un policía no nos permite pasar: Gilgamesh
enfurece. Luego estoy en una habitación azul, larga y oscura: en una sillita
está sentada Elian Tuya custodiando la entrada, pero se ha quedado dormida.
Cruzo la habitación y llego a un recinto amplio e iluminado: en el centro hay
una ventana que da al vacío, presiento un enorme espacio hacia abajo pero hay
una neblina blanca que me impide ver. Paso a unas oficinas: voy buscando a
Gilgamesh. Recorro diferentes espacios llenos de escritorios y ventanas; en ellos
hay secretarias y otros personajes diversos que me ignoran cuando paso. Llego a
unas escaleras que bajan, pero no puedo acceder a ellas desde donde estoy.
Alguien me dice que tengo que rodear por otro pasillo. Llego a un corredor; a ambos
lados hay cristales donde se ven más oficinas, la mayoría están vacías. Al
final hay una puerta cerrada y, del lado izquierdo, un tallercito donde varios seres
siniestros y harapientos hacen funcionar unas máquinas. Se me quedan mirando
con desprecio; son duendes, grandes enemigos de Gilgamesh y creen que soy su
espía. Luego todo cambia: estoy en un pequeño teatro repleto de gente; en el escenario hay
una mesa enmantelada donde Alina Toalavía y Ramón del Val se preparan para dar
una conferencia. La multitud está atenta: hay edecanes, algunos fotógrafos y reporteros. Los
conferencistas comienzan a hablar con mucha seriedad sobre no sé qué tema:
entonces aparecen alrededor de la mesa un grupo de changos diminutos
echando desmadre. Alina y Ramón, hacen como si no pasara nada y continúan
hablando. Salgo rumbo al baño: en el camino me saludan algunas personas. El
baño está iluminado y es muy lujoso: tiene muchos pasillos como si fuera un
laberinto. Llego a una zona donde una mujer me dice que no puedo pasar, pues
están filmando: en un extremo hay varios comandantes de la NASA de pie, hablándoles
a un equipo de científicos sobre su reciente viaje a Marte. Del otro lado del
baño hay unos lavabos con espejos grandes; junto a ellos una tarima de madera donde
descansan diversos monolitos marcianos que los comandantes van a presentar oficialmente
al mundo. Tomo una urna roja muy extraña y decido ponerla junto a los monolitos
para que el mundo crea que es de origen marciano, pero entonces escucho la voz
de mi mamá diciéndome que eso no se hace… Despierto.
martes, 18 de julio de 2017
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