martes, 25 de julio de 2017

25 DE JULIO DE 2017

Estamos mi primo Gerardo, Doris y yo en la sala de Sherlock Holmes; también nos acompaña mi perrita Frida. Sherlock está arriba en su recámara, arreglándose: va a ir con nosotros a una fiesta. Como no baja, los cuatro subimos por una enorme escalera curva y nos detenemos en uno de los descansos: mi primo saca una lupa y se agacha para ver si en la alfombra hay chinches. Luego estoy yo solo en la cocina de mi mamá: es larga y llena de muebles blancos; tengo que instalar un soporte para poner el rollo de servilletas de papel: el soporte es anaranjado, tosco, mi mamá lo compró en los 70s. Busco un espacio en la cocina donde quede bien, pero no lo encuentro: en las paredes hay imágenes de santitos y grietas. Abro las puertas de un gabinete de trastes: donde debería haber platos y vasos, están los libros de mi papá. Por dentro, noto que el gabinete está chueco, pero firme; en uno de los cantos exteriores empiezo a colocar con unos tornillos el soporte porta-servilletas. Luego estoy en casa de la mamá de Doris arreglando un cortinero: como no tengo escalera ni banco, tengo que pararme de puntas en el canto de un ventanal. Llega Anita, la asistente de la mamá de Doris y empieza a moverme los talones para que me caiga. De pronto todo cambia: veo una isla, se supone que es Corea (estos días hemos estado viendo cine de terror coreano). La isla está rodeada de niebla y entre la maleza vive un enorme monstruo que nadie ha visto. El monstruo devora a sus víctimas cuando algún fragmento de ropa se convierte en libélula y vuela hacia la isla. El monstruo entonces sabe dónde están las víctimas y puede devorarlas a distancia, con la mente. Estoy practicando karate en una playa: el mar es gris y frío. Entonces un pedazo de mi manga se desprende, se convierte en libélula y vuela hacia el mar: en ese momento sé que estoy condenado, que el monstruo de la isla me va a devorar. Doris me dice que no va a pasar nada, que sólo cambie de sueño. Ahora vamos Doris, Toni Rodríguez, Gilberto Soriano y yo en un automóvil muy grande: recorremos las calles de Guadalajara. Es sábado. Llegamos a un estacionamiento, nos bajamos del auto y entramos a la Comercial Mexicana; como es temprano, hay poca gente. Me subo a un carrito que Doris empuja, todavía voy preocupado por el monstruo de la isla, pero Doris me dice que no pasa nada, que me va a llevar a bailar. El salón de baile es muy oscuro y está en las bodegas de la tienda: en las penumbras se logran ver refrigeradores industriales y mesas grandes. Entonces me acuerdo que necesitamos un espejo para un pequeño baño que construimos junto al baño y le digo a Doris que me ayude a escogerlo: el espejo tiene que ser de color blanco. Salimos de las bodegas; Gilberto dice que se va a buscar unos libros. Estamos Doris y yo frente al estante de los espejos, pero un niñito gordo nos impide verlos. Luego vamos ya formados en la fila de la caja; mientras esperamos, Toni le va explicando a Gilberto como preparar un guiso de chícharos. Doris paga, pero una viejita que está ayudando a meter las compras en bolsas, me da el cambio a mí. Busco entre el cambio una moneda de cinco pesos para darle propina a la viejita y me encuentro una pequeña figura metálica. Se trata de una moneda conmemorativa de los ferrocarriles en Guadalajara, tiene un trenecito y dos diminutos ferrocarrileros de pie, saludando; también tiene una base para poder sostenerla. Le digo a Doris que la pongamos de adorno en la biblioteca; la viejita dice que vale mucho, como setenta pesos. Ahora estamos caminando por un pasillo exterior: noto que Toni y Gilberto van descalzos; pienso que deberíamos haberles comprado unos huaraches. Al llegar al estacionamiento descubrimos que se robaron el auto y nos da mucho coraje; Toni dice que le va a llamar a su hermana para que pase por nosotros. Pero entonces vemos que no es cierto: lo que pasa es que hay una fila de autos que no estaba ahí antes, tapando el nuestro. Nos subimos al auto y arrancamos, Doris al volante. Luego vamos por un camino medio rural, al fondo se ve una montaña muy grande; estamos contentos… Despierto. 

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