jueves, 27 de julio de 2017

27 DE JULIO DE 2017

Varios duendes oficinistas están bailando y dando vueltas en las riveras de un río rodeado de árboles. Es muy noche, se siente un ambiente melancólico. Uno de los duendes saca una pequeña canica de luz y empieza a jugarla entre sus dedos: se la pasa de una mano a otra y luego se la lanza a otro duende. Inicia una coreografía muy extraña, donde los duendes giran y danzan, pasándose la canica de luz unos a otros. Conforme esto sucede, mi punto de vista cambia, siguiendo la luz; también logro ver el entorno, donde el río y los árboles se van intercalando con escritorios y otros muebles. Al final, uno de los duendes dice, refiriéndose a la canica, que nunca habían tocado todos un solo objeto durante tanto tiempo; los demás duendes asienten, solemnes. De pronto todo cambia y estoy en un almacén: en los numerosos anaqueles hay vasos desechables, uniformes de astronauta y latas grandes de alimento. Un par de boxeadores jóvenes están finteando en uno de los pasillos; parece que es para un comercial que van a grabar ahí. Luego estoy en un jardín dando una clase de tarot: tiendo las cartas sobre una mesa, alrededor hay varias señoras que no reconozco. Llega mi primo José Guadalupe para que le haga una lectura; en vez de tarot, uso un montón de fotos viejas de mis primos y primas. Luego estamos mi primo y yo en el interior de un gran auto convertible: él va manejando; está vestido y peinado como rockanrolero de los 50s. Junto a nosotros va otro auto, pero en reversa; cuando mi primo acelera, el otro auto también lo hace. En ese momento me doy cuenta de que el otro auto es de Alvarito Cortez (quien fuera gerente de un hotel donde trabajé varios años, hace mucho tiempo). Una vez que mi primo llegue a la estación de tren, Alvarito se encargará de regresarme. Llegamos a la estación; mi primo se despide de mí con un abrazo y sube corriendo por unas escaleras de piedra: arriba, en un muro, hay un reloj sin manecillas. Me trepo al auto de Alvarito y entonces sucede algo rarísimo: el auto arranca, se hace chiquito, se me mete a la ropa y sale disparado por una de mis mangas. Logro ver como el auto, muy pequeñito ya, se oculta en un rincón de la recámara donde dormía cuando era niño...  Despierto.

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