Primer sueño: estamos Doris y yo en el desaparecido Foro John Lennon de la colonia Álamos. Efraín Molina, director del Foro y gran amigo mío, nos está mostrando las nuevas modificaciones: abre una puerta que da a un salón donde varios niños pequeños sentados alrededor de unas mesas hacen muñecos de engrudo. Efraín dice que también está pensando en poner una peluquería pues la colonia se ha estado llenando de hipsters. Voy a la tienda de junto y compro dos hot dogs veganos de chocolate; cuando regreso, se me cae uno al suelo. Efraín cruza la calle y empieza a tomar fotografías con una cámara vieja. Luego Doris y yo estamos en el vestíbulo de un museo donde van a exhibir "la obra verdadera de José Luis Cuevas" (para la posteridad: Cuevas murió hace un par de días). Se supone que Cuevas hizo una serie de acuarelas de dragones que no tienen nada que ver con el resto de su obra, y que muy pocas personas conocen. En el museo hay mucha gente esperando a que abran las salas. Por los altavoces nos informan que solo abrirán dos de las siete salas; la voz masculina que dice esto es muy amable y lo dice en japonés, aunque en el sueño yo lo entiendo perfectamente. Ante este anuncio me enfurezco pues el boleto nos salió carísimo y me siento como estafado; entonces Doris me comenta que su padrinito, Ramón Obón, era muy amigo de Cuevas y siempre le reclamaba por no dibujar más dragones. En el sueño aparece una oficina lujosa, donde Ramón Obón saca una gruesa carpeta: se trata de su nueva novela, pero le da desidia arreglarla y enviarla a la editorial donde ya se la están pidiendo. En otro extremo de la oficina, su hijo Ramón Junior bebé café y se burla. Ramón papá sale por una puerta y la escena cambia: otra vez estoy en el museo. Doris me señala hacia un extremo: entre la multitud va pasando Paul McCartney, está muy elegante y varios lambiscones lo rodean. Pasamos a otra parte del museo, junto a la entrada. Veo una piscina larga y muy estrecha que ya he soñado otras veces: se pierde en la lejanía que está en penumbras, alumbrada solamente por luces azul oscuro; ahí nadan delfines y mantarrayas. En la parte más iluminada de la piscina, una mujer le está enseñando a nadar a su bebé: hay lotos flotando alrededor, cierto ambiente zen que contrasta con la oscuridad del fondo. De pronto la lluvia comienza a mojarme y entonces despierto. Descubro que la lluvia es mi perrita Greta lamiéndome la cara. Anoto todo. Segundo sueño: estoy revisando mis dos bitácoras: la de los sueños y la de la vida cotidiana, que son unas libertas grandes, cuadradas, y que no existen en la vida real. Entonces me doy cuenta de que algunos alumnos (Tania, Oscar, Rafael, Ingrid y Magdalena, Héctor) alteraron, en broma, la bitácora de la vida cotidiana: le pegaron varias fotos triangulares y la llenaron de dibujos. En una de las páginas descubro la foto de una fiesta infantil; en otra, una animación hecha a lápiz de un platillo volador. Jorge Llalguno me dice que él podría cambiar la clave de mis cuadernos para que esto no vuelva a suceder, pero que sería después pues ahora está muy ocupado. La escena cambia y estoy a bordo de un destartalado volkswagen blanco, platicándole lo anterior a mi amigo Don Corleone. Él va manejando: estamos en la esquina de Insurgentes y Niza y hay un ambiente de carnaval. Luego todo cambia otra vez: ahora estoy en una oficina de gobierno. Una funcionaria da su informe de trabajo frente a un escritorio donde dos jefes gordos y calvos la miran con cierto desprecio. La funcionaria es una mujer güera y chaparrita, algo vulgar; usa mandil y sus chanclas son horribles, aunque se supone que tiene un puesto de alto nivel. Está alegando que su trabajo fue hecho a la perfección, pero los calvos le demuestran que eso no es cierto. Entonces ella salta hacia la calle que da a Metro Juanactlán: va a arreglar las cosas para "limpiar su nombre" Uno de los calvos se pregunta si traerá dinero para moverse, pues va hasta Coyoacán; el otro le dice que sí, que es esposa de H. G. Wells. Entonces entro a un baño oscuro: afuera hay dos afanadoras con sus cubetas y trapeadores. Cierro la puerta del baño y veo que en las paredes hay escenas de las novelas de Wells, dibujadas con mole por una secta secreta y clandestina. Descubro que yo soy miembro de esa secta y tengo que huir pues las afanadoras lo saben. Entonces salgo por otra puertita muy pequeña que va a dar a una selva tropical: estoy en el techo de un camión de pasajeros descompuesto y cubierto por la maleza, a lo lejos se ve el mar. Brinco a un lado del camión y llega Doris: nos encaminamos hacia una vereda entre palmeras; vamos comiendo tunas. Me despierto y anoto. Tercer sueño: Toni Rodríguez acaba de abrir un puesto de periódicos que también sirve comidas saludables y es salón de escuela secundaria. Doris y yo estamos frente al puesto y Toni se ve feliz. En una mesita hay unas niñas uniformadas escribiendo en sus cuadernos; en el interior del puesto un hombre hace jugos de naranja entre las portadas de revistas y periódicos. A la izquierda hay una pantalla de compu: Doris abre su facebook y empieza a etiquetar fotos de amigos: entre los etiquetados recuerdo a Mave Gaya y a mi hermana Vero. De pronto el sueño se convierte en pesadilla: me encuentro acostado bocabajo, en mi cama; estoy solo y hace mucho frío. Unas presencias que no logro ver van a mostrarme "el abismo"... Entonces algo me empuja por la espalda y cruzo una abertura que da a un espantoso universo redondo e iluminado con una extraña luz azul turquesa. Estoy como volando y temo caer: abajo, en la lejanía, se ven algunos mapas antiguos dibujados con líneas blancas. Hay una sensación de "terror sagrado". Despierto.
miércoles, 5 de julio de 2017
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